En la entrada anterior le echábamos un vistazo al exterior del cuerpo de la cámara. Ahora vamos a adentrarnos en el interior de este componente, para observar sus mecanismos internos más importantes.

Las tripas del cuerpo de una cámara no tienen, ni de lejos, el glamour de su apariencia externa, aunque en realidad son una muestra interesante de cómo se puede conseguir cierta armonía entre las tecnologías más vanguardistas y los más tradicionales artificios mecánicos. De hecho, serán estos últimos los que tengan más relevancia en este artículo, pues no en vano serán los que tengan más impacto en el momento de realizar una toma fotográfica. Pero vamos, como de costumbre, por orden.

La CPU

La unidad de procesamiento, o CPU, es un ordenador. Creo que esto es lo más exacto que se puede decir del microchip que controla todos los componentes electrónicos de nuestra máquina. Por la unidad de procesamiento pasa toda la información de parámetros de control de la cámara; es la encargada de hacer que otros componentes, tanto mecánicos como electrónicos, funcionen de forma coordinada para conseguir el resultado que desee el usuario o para automatizar el proceso al máximo; Más aún: en la unidad de procesamiento es donde se da la alquimia tecnológica de transformación de lo analógico en digital. La CPU es la encargada de transformar los impulsos eléctricos enviados por el sensor en simples unos y ceros. Además de eso, también es capaz de convertir esos unos y ceros “en bruto” en archivos convenientemente adaptados a la transmisión de información visual, comprimidos y dotados de colores vívidos, enfoque adecuado y contraste controlado, todo de forma automática. La CPU no solo almacena la información, sino que también la procesa, haciendo innecesario (a priori) un tratamiento ulterior de la imagen, o revelado digital.

Naturalmente, no todo el monte es orégano, y en este sentido se cumple una máxima del ámbito tecnológico-artístico: cuanta más responsabilidad le demos a los automatismos de un programa informático, menos interesantes serán los resultados. Es la personalidad del fotógrafo la que imprime carácter a la imagen, así que, en la medida de lo posible, limitaremos el papel de nuestras CPU a la de ser meros “decodificadores” de señales eléctricas. Como veremos más adelante, lo interesante de las CPU es que, además de hacer funcionar a nuestras cámaras, nos dan archivos en bruto que podremos modificar a nuestro antojo.

Filosofías aparte, las unidades de procesamiento no podrían funcionar si no contasen con los apropiados algoritmos de sus respectivos fabricantes; y como ya hemos ido viendo en artículos anteriores, estos algoritmos están patentados, registrados y ofuscados de todas las maneras posibles, de forma que son básicamente inaccesibles para los usuarios. Por desgracia, en este sentido, los algoritmos de interpretación de señales eléctricas, de aplicación de curvas de tono, de interpolación, etc. son otro componente que, para lo que nos ocupa, son más un obstáculo que una ayuda al fotógrafo usuario de software libre. Pero no son obstáculos insalvables.

El pentaprisma

En el artículo anterior, cuando hacía referencia al visor, os contaba que una de las virtudes de estas “ventanitas” es su capacidad de mostrarnos aquello que va a ser capturado por el sensor.

Sobre este particular tengo que hacer un par de salvedades, porque no es del todo cierto; me explico: los visores de las cámaras de fotos, de hecho, no suelen mostrar la imagen exactamente igual que lo que luego se verá representado en el sensor. En las cámaras “no réflex”, por ejemplo, ocurre el denominado “efecto de paralaje“, que no es más que una ligera desviación del punto de vista provocado por la diferente altura a la que se encuentra el visor óptico y el objetivo. Efectivamente, en las cámaras de tipo compacto, que disponen de un visor óptico (es decir, una ventanita a través de la que miramos) “no alineado”, lo que vemos a través de este es una visión muy  aproximada pero no exacta de lo que veremos luego en el fichero de imagen tras la toma. Este problema se acrecienta cuanto más cerca esté el sujeto a fotografiar, y requiere de cierta experiencia por parte del usuario para poder compensarlo e “imaginar” cómo será el encuadre compensando la desviación del paralaje mentalmente.

En el caso de las cámaras réflex, por contra, este efecto de paralaje no existe, pues cuenta con un complejo sistema de lentes internas (denominado “pentaprisma“) que refleja la luz de tal forma que lo que vemos a través del visor es casi exactamente lo que captura el objetivo. De hecho, esta capacidad de reflejar la luz de forma exacta a como se captura por el objetivo mediante un prisma es lo que ha bautizado a las cámaras de tipo DSLR como “réflex”, por su capacidad de reflejar la luz de entrada y desviarla al visor.

Funcionamiento del pentaprisma: En amarillo, un rayo de luz, que rebota en el obturador levantado (en verde), a continuación rebota en las diferentes caras del pentaprisma (en azul) y sale por el visor. Resultado: vemos exactamente lo mismo que “ve” el objetivo.

La existencia del pentaprisma pasa casi desapercibida, aunque se pone de manifiesto siempre que sacamos una foto con una réflex: en el momento de la toma advertiremos que el visor se vuelve completamente negro durante el tiempo en que dura la exposición fotográfica: esto es así porque el pentaprisma no recibe la luz en ese momento, ya que se está dirigiendo directamente al sensor y el obturador está tapando la luz que momentos antes rebotaba hacia el visor.

Al apretar el disparador, el obturador baja, dejando que la luz impacte en el sensor (en rojo). El pentaprisma no recibe luz, así que por el visor no podemos ver nada.

Si esto es así, ¿porqué digo que las cámaras no suelen mostrar la imagen exactamente igual, si las réflex, en teoría, sí lo hacen? El problema estriba en que los visores de muchas cámaras réflex no son capaces de cubrir todo el espacio de imagen que captura los objetivos. De hecho, este es uno de los parámetros que conviene consultar cuando adquirimos un cuerpo de cámara: los modelos de gama más alta tendrán un margen de cobertura de al menos el 90%. Este no es un problema baladí: una cobertura inferior dificulta bastante hacer encuadres exactos, al no poder observar directamente dónde “termina” el campo de visión de la cámara. al igual que mencionaba antes en el caso de las cámaras compactas, el usuario necesita cierta experiencia para compensar este recorte y encuadrar imaginando cómo será el resultado.

El obturador

Con este nombre responde un sencillo mecanismo en forma de trampilla giratoria que cumple dos sencillas funciones:

  • En su posición “inactiva” el obturador tiene una inclinación que refleja la luz que penetra por el objetivo y la reorienta hacia el pentaprisma (ver gráfico anterior).
  • En su posición “activa”, esto es, durante el disparo, el obturador se levanta y deja que la luz impacte contra el sensor, obteniéndose una fotografía.

No parece nada demasiado espectacular… pero debemos tener en cuenta que el movimiento entre la posición “inactiva” y la “activa” puede tener una velocidad regulable por el usuario. Lo que os voy a decir a continuación, si habéis seguido la serie hasta aquí, os resultará familiar. La velocidad con la que se activa el obturador tiene una serie de características básicas:

  • Se calcula en pasos. ¡Uy, qué coincidencia, igual que la ISO o la apertura!
  • Cada uno de estos pasos corresponde con una unidad de tiempo, que va desde unas pocas milésimas de segundo hasta varios segundos. Los pasos de obturador adquieren la forma de fracciones de segundo; así, por ejemplo, “1/50” corresponde con la quincuagésima parte de un segundo, y “1/1000″, una milésima. Para unidades mayores de un segundo se utiliza el símbolo correspondiente, que no voy a entrecomillar para no generar confusiones, por ejemplo: 1” equivale a un segundo. También existe el modo denominado “bulb”, en el que el tiempo de obturación se regula manualmente, activando el disparador para que suba el obturador y volviendo a apretarlo para que vuelva a su posición inicial. Este es un modo recomendado para, obviamente, fotografías de muy larga exposición.
  • En función del tiempo que el obturador esté “activo” o “abierto”, entrará más o menos luz en el sensor.

De nuevo nos encontramos, como cuando hablaba de la apertura (y también, en parte, de la ISO) ante un sencillo mecanismo cuyos efectos sobre la imagen obtenida pueden ser enormes. A grandes rasgos, estos son los más importantes:

  • Las velocidades más rápidas “congelan” el movimiento, pero como contrapartida entra muy poca luz. En este rango de velocidades, que suele moverse entre las pocas centésimas de segundo y las milésimas, se encuentran las fotografías de tipo “instantánea”, propias de la temática social, deportiva, o el fotoperiodismo.
  • Las velocidades más lentas “difuminan” el movimiento, pero la entrada de luz es mayor y podremos “llenar de luz” zonas de la imagen que, con la luz natural de la escena, estarían oscuras. En este rango de velocidades, que suelen medirse en segundos de duración, tenemos las largas exposiciones, la pintura con luz o la astrofotografía, entre otras.
Enmarcado en rojo, un sujeto de la imagen ha salido movido. La velocidad de obturación era de 1/30, demasiado lento para que una persona caminando salga “congelada”.

No os preocupéis si no os queda demasiado claro de momento, porque abundaré en estas cuestiones en el capítulo dedicado a la exposición. De momento, lo importante es quedarse con la idea de que el obturador es el tercero del grupo de tres “mejores amigos” que nos ayudarán a obtener la imagen perfecta. Los otros dos, ni qué decir tiene, son la apertura y la ISO. Cada uno de ellos, como habéis visto, cuenta con su carácter particular y sus peculiaridades, y lo mejor de todo es que debemos tenerlos en cuenta siempre a los tres: las diferentes combinaciones de valores que adjudiquemos a cada uno de ellos darán como resultado una imagen diferente. Y si conocemos bien cada uno de los mecanismos, este potencial combinatorio y de efectos resultantes se convierte en un arsenal de posibilidades infinitas.

El exposímetro

El último de los componentes importantes de las tripas de nuestra cámara es un fotómetro, que se denomina “exposímetro” en fotografía. El exposímetro es un dispositivo (básicamente un sensor) que detecta y calcula la luminosidad de lo que vamos a fotografiar. Gracias a esta información y a ciertos cálculos elaborados por la CPU, nuestra cámara puede sugerirnos los valores de exposición correspondientes a una escena dada.

Representación gráfica del exposímetro. Las marcas en gris representan los pasos de exposición. Hacia la izquierda, la imagen estará subexpuesta (más oscura), y hacia la derecha más clara (sobreexpuesta). La marca verde en el centro, debajo del cero, indica la exposición medida. En el caso de este ejemplo gráfico, la exposición es correcta.

¿Cómo funciona esta cosa? La respuesta no es sencilla, pero trataré de resumirla lo más posible. La cuestión es que, aunque el exposímetro puede medir la luz, y lo hace muy bien, las cosas que podemos fotografiar pueden ser muy diferentes, y las condiciones lumínicas pueden presentar infinitas variedades. El exposímetro no deja de ser un instrumento que ofrece datos para un cálculo matemático que, por su propia naturaleza, no puede tener en cuenta si estamos fotografiando a una cándida novia en una boda o a una pantera negra en la selva. Así las cosas, se impone el pragmatismo, y en ese sentido el exposímetro ofrece unos resultados que son adecuados en situaciones “normales”. Y por situación “normal” suele entenderse un retrato en exteriores con el cielo despejado. En este tipo de circunstancias, los objetos reflejan la luz (esta luz reflejada es la que miden nuestros exposímetros internos) de una manera más o menos predecible. Pues bien, el exposímetro trata de calcular cuánta exposición  necesitamos para que un objeto de color “gris medio” refleje un 12% de la luz ambiental. Si, con los ajustes que hemos introducido en los valores de exposición, el exposímetro detecta que los objetos grises reflejarán más del 12%, nos avisará de que la imagen está demasiado “iluminada” y nos lo hará saber a través del indicador correspondiente en la pantalla LCD o en el visor. La exposición “ideal”, en la mayoría de los casos, debería rondar este 12%, correspondiente en la escala gráfica del exposímetro con la posición “cero”.

Imagen sobreexpuesta: nótese la marca verde en la escala de exposición, movida a la derecha; la foto resultará demasiado luminosa.

Sé que ahora algunos de los fotógrafos expertos que estén leyendo esto levantarán una ceja, escépticos, y pensarán que acabo de equivocarme con el porcentaje. En efecto, muchas fuentes sostienen que el porcentaje de luz que reflejan los objetos de color gris medio es el 18%. Ante esta cuestión tengo que decir, en primer lugar, que en términos prácticos importa bien poco si esta constante de calibración es del 12 o del 18. Lo importante es que la medida sea justa y que la exposición esté bien hecha. En segundo lugar, una investigación más o menos profunda en la bibliografía y en la red da como resultado un follón matemático de aquí te espero, en parte provocado por confusiones de concepto. La conclusión a la que he llegado por mi parte es que los exposímetros de nuestras cámaras están calibrados para ajustar la toma en torno a un 12% de reflexión de luz natural en objetos grises. Por otra parte, muchas cartas de gris (un instrumento muy útil en fotografía, por cierto), están impresas con un gris medio que refleja el 18%, por lo que suele ser conveniente hacer ajustes en la exposición ideal que nos ofrece la medición sobre ellas (algunas veces indicando explícitamente que debemos subexponer la imagen, como hacen algunas cartas de la marca KODAK).

La cosa se vuelve todavía más complicada cuando investigamos las causas de esta diferencia, y, por ejemplo, por qué se ha extendido la idea del dichoso 18%. Las explicaciones van desde lo meramente comercial (el 18%, según estas explicaciones, corresponde con la medida necesaria para obtener un gris medio en impresión, pero no en fotografía, lo cual explicaría porqué las cartas de color tienen este gris y no otro) hasta atribuciones personales a fotógrafos de la talla de Ansel Adams, quien, según esta teoría, fue el que “impuso” este cálculo a los fabricantes.

Ansel Easton Adams (1902-1984). Fotógrafo norteamericano, uno de los grandes teóricos de la fotografía moderna. Padre del sistema de zonas que lleva su nombre. Autor: J. Malcolm Greany – Fuente: Wikipedia (dominio público)

No entraré mucho más en este asunto, sobre el que se han escrito libros completos, aunque a mi personalmente me parezca muy interesante. Para el objetivo de esta serie es una cuestión irrelevante pues, en la práctica, y como veremos en el capítulo dedicado a la exposición, los ajustes manuales sobre los datos que nos ofrece este sensor son necesarios en muchas ocasiones, porque su funcionamiento está lejos de ser perfecto.

Sea como fuere, el exposímetro actúa, en cierta forma, a modo de “director de orquesta” en el momento de la exposición fotográfica, ofreciéndonos una guía visual acerca de si está entrando la luz necesaria en la cámara.

Modos de medición

¿Cṕmo podemos interactuar con el exposímetro? El funcionamiento de este dispositivo es muy sencillo, y está “siempre activo” cuando encendemos la cámara. No obstante, cuenta con algunos parámetros que sí pueden ser controlados pos el usuario de la máquina. De hecho, son parámetros muy relevantes, casi a la altura de “los tres grandes” que hemos ido viendo hasta ahora. Se denominan “modos de medición” y nos sirven para controlar qué parte de la imagen va a tomar el exposímetro como referencia para sus cálculos. A continuación vamos a ver los modos más importantes y qué usos recomendados tiene cada uno de ellos.

Medición Global

También denominada “matricial” o “evaluativa” según cada fabricante. Este es el modo de medición más básico, y el que usa tu cámara cuando tiras fotografías en modo automático. En este modo de medición el exposímetro calcula la luminosidad de todo el encuadre, haciendo una media. Este modo puede ser el adecuado en circunstancias poco planificadas, o cuando tienes que disparar sin demasiados cálculos previos. Sin embargo, no es un modo recomendable cuando se desea tener control total sobre la exposición de la toma.

Medición global: en rojo, el área que será calculada por el exposímetro.

Medición Zonal

De nuevo, cada fabricante se toma libertades en cuanto a su denominación: “ponderada al centro” o “parcial” son nombres frecuentes para este tipo de medición. Aquí la cosa se complica porque existen diversas formas de medir zonalmente. Todas ellas tienen en común que los cálculos no se realizan tomando en consideración toda la imagen, sino solo una parte de ella. Sin embargo, divergen en la forma de tener en cuenta la zona externa. Me explico: en la medición ponderada, una región del encuadre se tomará como referencia, quedando el resto de la imagen fuera; sin embargo, esa zona externa también se tomará en consideración a la hora de calcular la exposición; el peso de esta zona externa para el cálculo consiguiente depende de cada fabricante, así como la manera en que se tienen en cuenta los píxeles que están “dentro” o “fuera” de esa zona. En cualquier caso, el resultado del cálculo será muy preciso en la zona central, y menos preciso conforme nos alejemos de este. En la medición  zonal parcial, a diferencia de la anterior, sólo se tiene en cuenta una zona específica de la imagen, situada en el centro del encuadre. En ese espacio, no mayor del 25%, el exposímetro realiza los cálculos necesarios, ignorando el resto.

Medición ponderada al centro: en rojo, el área calculada por el exposímetro. El resto de zonas pueden resultar subexpuestas o sobreexpuestas en mayor o menor medida.

Ambos son métodos que permiten más control al fotógrafo, quien puede decidir qué parte de la imagen estará expuesta a su gusto.

Medición puntual

En este modo de medición sí que hay cierto consenso entre las marcas, y la denominación es la misma en todas ellas. Este es un modo mucho más preciso, pues se tiene en cuenta una zona muy pequeña de la imagen (en torno al 5%).

Medición puntual: el pequeño punto rojo representa la zona que será medida. El resto se ignora.

Este modo da un control total al fotógrafo, y es el más recomendado en tomas muy calculadas, que probablemente van a tener un procesado posterior muy intenso.

Iconografía de los modos de medición para los fabricantes Nikon y Canon.

Como puede observar el lector, cada método de medición tiene sus pros y sus contras, y corresponde al fotógrafo seleccionar qué método será el más conveniente en cada caso. A pesar de ello, los métodos de medición que limitan la zona a calcular suelen ser los más indicados cuando la fotografía se plantea con altas exigencias de calidad.

Modos y áreas de enfoque

El último elemento a considerar, de los muchos que entran dentro de la jurisdicción de la CPU  y los mecanismos internos del cuerpo de la cámara es el del enfoque. Aunque las lentes encargadas de enfocar la imagen se encuentran, naturalmente, en el objetivo, es el cuerpo de la cámara el que regula su posición y movimientos, mediante dos componentes:

  • La CPU, que es la que se encarga de controlar el cómo y de qué manera se enfoca.
  • Los motores de enfoque: pueden estar situados tanto en el cuerpo de la cámara como en los objetivos, pero en cualquier caso su funcionamiento se controla desde el cuerpo.

Teniendo en cuenta estos elementos, la interacción fotógrafo-máquina se hace a través de dos parámetros muy relacionados entre sí: los modos y las áreas de enfoque.

Modos de enfoque

Por modo de enfoque se entiende la forma en la que la cámara va a utilizar sus motores para mover las lentes responsables de enfocar la imagen. En otras palabras, el modo de enfoque define qué es lo que van a hacer dichos motores inmediatamente después de que hayamos presionado el disparador hasta la mitad de su recorrido, y antes de finalizar el recorrido de este. Entre el primer momento y el segundo pueden pasar muchas cosas o ninguna, y los modos de enfoque existen para que la cámara decida (o no) hacer algo si esas cosas pasan. Existen básicamente tres modos automáticos y uno manual:

Enfoque automático continuo

Denominado “servo AF” por Canon y “AF-C” por Nikon. Este es el primero de los dos modos denominados comúnmente como “autofocus”. Este es el más sofisticado; cuando se presiona el disparador hasta la mitad de su recorrido, la cámara comienza a enfocar. Si el sujeto se mueve, la cámara detecta dicha perturbación y trata de seguir enfocándolo siguiendo sus movimientos. Este modo produce el característico zumbido de los motores de enfoque en permanente funcionamiento, lo cual además puede influir negativamente en la duración de la batería de la cámara. Este es el modo más indicado para fotografía de acción o instantánea. sin embargo, su eficacia depende mucho de la calidad de la cámara que estemos utilizando, y de la velocidad de enfoque del objetivo.

Empleando el autofoco continuo se pueden tomar instantáneas de sujetos en movimiento “casi garantizando” que estarán en foco.

Enfoque automático de un disparo

Canon lo ha bautizado como “One-Shot AF” y Nikon, más parca, como “AF-S”. El segundo de los autofocus; en este modo, al presionar el disparador hasta el centro, la cámara busca el objeto que se encuentre más cerca en su cuadrícula de enfoque (la malla de cuadrados que podemos ver en el visor) y lo enfoca; después de esto el enfoque se bloquea y aunque el sujeto se mueva el enfoque persistirá en la misma posición y a la misma altura. Este modo de enfoque es más preciso que el anterior pero solo se recomienda en fotografía de sujetos estáticos (paisajes, retratos, etc.).

El modo automático de un disparo es el adecuado para objetos que no se van a mover, en encuadres controlados.

Enfoque totalmente automático

“AI focus AF” según Canon, y AF-A según Nikon. Este modo deja libertad absoluta a la máquina para que decida entre alguno de los dos modos anteriores. Si detecta que el sujeto se está moviendo pasa al primer modo, y si se está quietecito, al segundo. De nuevo, los resultados de este modo dependerán mucho del binomio cuerpo-objetivo, así que conviene conocer bien el funcionamiento de la cámara para poder confiar en el con garantías.

Enfoque manual

Sin automatismos de ningún tipo, ni motores, ni nada. Es el fotógrafo, moviendo la rueda de enfoque situada en el objetivo, el encargado de enfocar. Algunas cámaras cuentan con un sistema de ayuda al enfoque manual, situado en el visor. Este es el método más preciso de todos, pero requiere mucha práctica para tenerlo bien controlado.

Áreas de enfoque

Además de los modos descritos, nuestras cámaras también pueden tener en cuenta las zonas de la imagen a la hora de enfocar. Esto introduce un segundo factor de exactitud (y también de complejidad y toma de decisiones) para la crítica tarea de mantener nuestros sujetos en foco.

Si hacéis memoria, el visor de nuestras cámaras cuenta con una serie de marcas en forma de malla, que constituyen los puntos de enfoque. El usuario puede, si así lo desea, ubicar el punto de enfoque donde lo desee, utilizando para ello el joystick, generalmente ubicado en la parte posterior del cuerpo. El punto de enfoque elegido se marcará con un color diferente que el resto, y de esta forma sabremos dónde está enfocando la cámara. De todas formas, nuestras cámaras nos proporcionan aún más precisión, al poder indicarles qué área exacta debe tenerse en cuenta a la hora de enfocar. Es un poco difícil de entender, porque las indicaciones que nos ofrece el visor no son intuitivas: parece dar a entender que la marca será la única zona en foco, pero no es así del todo: en función del área de enfoque que deseemos podemos indicarle a la cámara que esté preparada para enfocar un área mayor.

Área Puntual

No confundir con el modo de medición puntual, no tiene nada que ver. En el modo puntual el fotógrafo selecciona un punto de enfoque con su joystick sobre la malla de puntos de enfoque del visor. La cámara enfocará exclusivamente sobre ese punto, y si el sujeto se mueve (o movemos nosotros la cámara), mala suerte. Este método proporciona la máxima precisión, a costa de perder flexibilidad.

Mi amigo Carlos se está quieto si se lo digo cuando le saco una foto, así que puedo usar el área puntual para retratarle.

Área dinámica

En este caso el proceso es idéntico a la hora de enfocar, pero si el sujeto se mueve la cámara tratará de localizarle y volver a enfocar, buscando entre los puntos de enfoque adyacentes en la malla. Si el sujeto se mueve demasiado y se separa de los puntos adyacentes al punto de enfoque original… mala suerte. Es un método también muy preciso pero algo más flexible que el anterior.

Área dinámica: el barquito se mueve y tengo que seguirle moviendo la cámara mientras enfoco… como no tengo mucha precisión, pongo el modo de área y si no cae exactamente en el punto de enfoque, no me importa, los de al lado (en verde oscuro) también me ayudan.

Este suele ser el modo más indicado cuando las circunstancias de la toman impiden utilizar el área puntual, o cuando nos vemos forzados a hacer un reencuadre leve.

Área automática

La cámara se encarga de todo. Como vimos anteriormente con los modos de enfoque, los modos automáticos pueden ser interesantes en situaciones impredecibles o si vamos con prisas, pero en modo alguno garantizan resultados satisfactorios. El fotógrafo pierde el control y por lo tanto la capacidad de predecir el resultado. Esto en sí no es necesariamente malo, y las cámaras cada vez son, en este sentido, “mejores fotógrafas”, pero conviene tener en cuenta que con los modos automáticos, en general, se tira una moneda al aire cada vez que se dispara. Dentro de este apartado se pueden incluir modos más sofisticados, como el 3D de nikon o el de 11 puntos de Canon.

Una de las cosas que diferencia a mi amigo Carlos de una mosca común es que la segunda no se queda quieta por mucho que le grite; solución: área de enfoque automática y a rezar.

Conclusión

Este artículo ha quedado más largo de lo que me imaginaba… lo bueno es que, si hemos seguido la serie hasta aquí, ya estamos preparados para hacer un ejercicio interesante: leer parámetros y entenderlos. Para muestra, voy a reutilizar una imagen que usé en el artículo anterior:

1. Velocidad de obturación 2. apertura 3. ISO 4. Punto de enfoque 5. exposímetro 6. Modo de enfoque 7. Área de enfoque 8. Modo de medición 9 ISO (otra vez).

En la pantalla de la cámara, con los parámetros representados más arriba, y con un poco de experiencia fotográfica, podemos entender cómo está configurada la toma: la velocidad es bastante lenta (pero no muy lenta, da para un retrato), la apertura es bastante grande pero no va a haber mucho bokeh, la ISO  es la mínima, con lo que no va a haber mucho ruido… por otro lado, el punto de enfoque está en el centro, así que conviene que lo más interesante de la imagen también lo esté. La medición es matricial, con lo que tampoco nos vamos a esperar nada demasiado espectacular en cuanto a luces y sombras… el modo de enfoque es AF-S, lo que quiere decir que el enfoque será continuo y podrá ir variando mientras tenga medio apretado el disparador, y el área de enfoque es zonal. Eso sí, atendiendo al exposímetro totalmente a la izquierda… la foto será probablemente un desastre, porque está totalmente subexpuesta. Si quiero sacar una foto decente, tendré que cambiar alguno de estos parámetros. Y qué parámetros elegir en función de qué factores será el tema de la siguiente entrega de esta serie.

Nota: todas las imágenes usadas en este artículo son obra del autor, y se pueden utilizar libremente, mencionando la fuente. El resto de imágenes son propiedad de sus respectivos autores y cuentan con la licencia oportuna para su uso.

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Aldo Belus
Administrador

¡Qué sapiencia, Jen0f0nte! Sabía que eras una eminencia en vídeo screencast pero esto ya se sale de madre… Me dejas obnubilado, ¡voto a bríos! xD

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[…] Visitar la fuente original […]

Daik
Lector
Daik

Me quito el sombrero (si lo tuviera jeje), me está encantando el curso que nos estás ofreciendo. Gracias

Joseph.Miller
Suscriptor
Joseph.Miller

He llegado hasta aquí después de un tiempo desconectado desde el tutorial con el que aprendí a usar Darktable. Me faltan las palabras para mostrarte mi agradecimiento y mi admiración. En tus tutoriales siempre encuentro la información de mil fuentes bien estructurada y además consigues que conceptos muy complejos sean accesibles a cualquiera. En serio, gracias y enhorabuena! En concreto creo que hacer hincapié en los malentendidos generalizados por la industria y el código privativo es muy acertado. Adelanto que en breve creo que dispondré de tiempo para animarme a colaborar con vosotros. Lo que te quería comentar es que yo también creo que el firmware de las cámaras son claros grilletes digitales y sería preferible tener más libertad en el procesamiento de la señal del sensor. Al respecto, encontré hace un tiempo un add-on para el firmware de Canon que creo que permite mucho más control. ¿Qué sabes de… Leer más »

Carlomán Arcila Zuluaga
Lector
Carlomán Arcila Zuluaga

Hola Jen0f0nte, te felicito por el artículo muy claro y conciso, pero con el debido respeto, considero que es necesario aclarar un poco sobre el tema del obturador; ya que el mecanismo que describes como el obturador es en realidad el mecanismo del espejo que desvía la imagen hacia el pentaprisma. El obturador es en realidad el sistema compuesto por dos cortinas ubicadas antes del sensor cuya finalidad es exponer el sensor a la luz y capturar la imagen que pasa a través del lente. Tanto es así que cuando miras al interior de la cámara cuando no tiene el lente puesto y levantas el espejo, no ves el sensor sino las cortinas del obturador. El tema del obturador es un poco largo debido a que hay que referirse a la forma como se abre y cierran la primera y segunda cortinas y la sincronización que tienen éstas con el… Leer más »