Este artículo (y ya veremos cuántos más) va a ser el que cierre la parte dedicada a la fase de producción fotográfica, que, según la nomenclatura de la serie, ha recibido el nombre de “la toma fotográfica”. Lo que a continuación voy a describir constituye “el último momento” de la toma: hablaré de los ajustes para conseguir una exposición óptima.

Para comprender del todo lo que voy a relatar a continuación, eso sí, os va a resulta necesario tener bien frescas unas cuantas de las nociones que a lo largo de la serie he ido introduciendo. Para saber cuáles son estas nociones, voy a comenzar con la mecánica habitual, primero definiendo y después clasificando.

En primer lugar, el mismo concepto de exposición necesita de una definición adecuada. Permitidme que sugiera la siguiente:

La exposición fotográfica determina la cantidad de luz que impacta en el sensor, controlada mediante los ajustes de exposición electrónicos y mecánicos de que dispone la cámara.

Así pues, el concepto de exposición es bastante simple, y alude a la cantidad de fotones que deseamos capturar en un momento dado. Naturalmente, este concepto va a ir complicándose a lo largo de las siguientes líneas, pero conviene tener esta idea en mente para evitar caer en falsos tópicos; me explico: el concepto de exposición fotográfica no implica la idea de que haya una exposición “correcta” y otra “incorrecta”. El número de fotones que deseamos introducir en nuestra cámara va a depender tanto de circunstancias externas como de  la propia intención artística del fotógrafo. En este sentido, la idea de exposición nos introduce en una serie de técnicas cuyo conocimiento nos asegura cierto grado de control sobre el resultado visual de una toma fotográfica, pero no supone una regla a seguir ciegamente por los artistas. No obstante, esta misma aseveración contará con sus oportunas salvedades en el momento oportuno. De momento, podemos continuar con la descripción del asunto.

En segundo lugar, necesitamos describir cuáles son los elementos electrónicos y mecánicos que menciono en la definición. Estos elementos se pueden considerar en sí mismos como herramientas de exposición, y son los siguientes:

  • Por un lado, todo el conjunto de mecanismos que conocimos en la primera parte de FLAC, cuando hablábamos del sensor, el cuerpo y los objetivos: corresponden con las herramientas de ISO, velocidad de obturación y apertura de diafragma respectivamente. Estos son los mecanismos de exposición propiamente dichos
  • también juegan un papel importante las herramientas de evaluación de la exposición antes y después de la toma: el exposímetro y el histograma en cada caso.

Con todos estos elementos en mente ya podemos empezar a jugar con números, pero antes de continuar tengo que reiterar la absoluta necesidad de que el lector conozca lo mejor posible los mecanismos que he mencionado más arriba; en caso contrario, lo que voy a describir a continuación podría resultar confuso y no aportar gran cosa, así que os aconsejo que tengáis a mano los artículos correspondientes a cada una de las herramientas para ir consultándolos según sea necesario.

En cuanto al proceso de exposición en sí, consta de tres fases delimitadas, que son las siguientes:

  1. Medición y ajuste
  2. Reencuadre y disparo
  3. Comprobación y validación de la toma

Y ahora sí, ya tenemos todos los componentes del rompecabezas sobre la mesa. Ahora toca encajar a cada uno de ellos en su sitio correspondiente.

La medición

En este momento de la toma el papel protagonista lo tienen dos actores: por un lado el exposímetro, que aporta el componente técnico del asunto, y por otro lado el propio fotógrafo, que contribuye con su experiencia y conocimiento. Antes de pasar al primero de estos actores voy a explicar un poco más el rol del segundo, que no es baladí en absoluto. La fotografía, como disciplina artística centrada en la captura de luz física, depende de las circunstancias externas en grado absoluto. En este sentido, la cantidad de luz que nuestra cámara puede capturar no solo va a depender de las propias características técnicas del aparato, sino (y sobre todo) de las circunstancias lumínicas de la toma. En este sentido, es importante que el fotógrafo sepa evaluar de la mejor manera posible cuáles son esas circunstancias y hasta qué punto la idea que tiene en mente a la hora de planificar la fotografía es viable o no en función de la siguiente ecuación:

luz ambiental – limitaciones de la cámara = posibilidades de exposición

Dicho de otra manera: cuanto mejor sea la luz ambiental (y en este sentido, generalmente “mejor” equivale a “más cantidad de luz”), más posibilidades tendremos de jugar con los ajustes de exposición para conseguir lo que queramos. Y, al mismo tiempo, cuantas menos limitaciones técnicas padezca nuestra cámara, lo mismo: más vamos a poder jugar con ella.

El indicador de exposición (la marca verde sobre la escala gris) hacia la derecha indica que la imagen está sobreexpuesta dos pasos con los ajustes indicados.

En este sentido, el papel del fotógrafo es importante para decidir si un tipo de exposición concreto es viable y, de ser así, cuál va a ser la mejor forma de obtenerlo. Porque, como vamos a ver a continuación, hay múltiples formas de obtener una determinada exposición. Más adelante daré más detalles sobre este particular. En segundo lugar tenemos al exposímetro, herramienta de la que ya dimos cuenta en su momento en un capítulo anterior. El exposímetro, os recuerdo, es el sensor que nos permite calcular la cantidad de luz que va a impactar sobre el sensor en un área más o menos grande de este, y que nos ofrece información mediante una interfaz gráfica situada en el visor o en la pantalla LCD de la parte trasera del cuerpo. De nuevo, los datos ofrecidos por el exposímetro van a depender de dos factores:

  • Las dichosas circunstancias lumínicas
  • Los ajustes de exposición realizados por la cámara o por el usuario

En otras palabras, el exposímetro nos está ofreciendo un torrente de información valiosísima, pues se va a ajustando a los parámetros de exposición que vayamos introduciendo mediante los diversos ajustes que tenemos a nuestra disposición. Una vez el exposímetro nos indique que la exposición es la deseada, podemos pasar a la siguiente fase.

El ajuste

En realidad este epígrafe no alude a una fase posterior a la de medición, pues, como he descrito, los ajustes son simultáneos a la medición. No obstante, su importancia y complejidad les hacen acreedores de un título independiente. Comencemos con una serie de ejemplos numéricos de ajustes de exposición:

1/60f4.2ISO100
1/50f4.5ISO100
1/40f5 ISO100
1/50f5ISO200
1/20f8ISO100
1/20f13ISO1600

Lo que vemos arriba es una sucesión aparentemente desordenada de ajustes de velocidad de obturación, apertura de diafragma e ISO respectivamente. No obstante, todos estos elementos tienen una “lógica interna”. Lo que he hecho ha sido partir del primer ajuste (1/60-f4.2-ISO100) e ir ajustando los parámetros en las siguiente combinaciones haciendo una compensación de exposición. Es decir: en la segunda fila, por ejemplo, he reducido la velocidad de exposición en un paso (esto es, en mi cámara, un paso corresponde con un “toque” en la rueda de control de velocidad), poniéndola en 1/50. Si mantuviese los otros valores de la misma forma que estaban en la configuración anterior, entraría más luz en el sensor. Pero ahora viene lo interesante: también he reducido un paso la apertura de diafragma, situándola en f4.5. O lo que es lo mismo: el diafragma está un poco más cerrado, con lo cual entra menos luz. Lo que he hecho, en definitiva, es ajustar la apertura de forma que compense el exceso de luz introducido por el reajuste de la velocidad y, en conclusión, la cantidad de luz que entra en la primera y en la segunda configuración es exactamente la misma. Es más: en realidad, todos los ajustes de todas las filas son exactamente equivalentes, pues lo que he hecho ha sido, del mismo modo que en el ejemplo descrito, ajustar los diferentes valores de forma que unos se compensen a los otros manteniendo exactamente la misma exposición. ¡Eureka!

Ahora  bien, ¿por qué me entusiasmo así por algo aparentemente tan tonto? En realidad, lo que os he descrito ahora es uno de los meollos de la fotografía. El hecho de que velocidad, apertura e ISO se midan en pasos corresponde precisamente con esta lógica: un paso de apertura es equivalente a un paso de velocidad y a su vez estos lo son a uno de ISO, lo que nos da un abanico abrumadoramente amplio de posibilidades de combinación, e incluyendo, como os he mostrado, combinaciones equivalentes con valores diversos. Y esto es fundamental por otra cosa que os dije en su momento: no debemos olvidar que cada uno de estos ajustes tiene sus consecuencias en el aspecto definitivo de la imagen. La apertura determina la profundidad de campo; la velocidad a su vez controla cómo veremos los objetos en movimiento de la imagen, y el ISO tiene un impacto muy significativo en el ruido. Por si todo esto fuera de poca ayuda, el exposímetro como herramienta de evaluación juega con el mismo concepto de “pasos” para indicarnos la cantidad de luz que está entrando en el sensor. De forma que, si el exposímetro nos indica que nuestra imagen esta subexpuesta un número concreto de pasos, lo único que en teoría debemos hacer es compensar esta subexposición con cualquiera de las herramientas de ajuste que queramos (o podamos usar) y aplicándoles una corrección del mismo número de pasos.

La misma imagen de antes, con la exposición compensada. He aumentado la velocidad de obturación dos pasos (de 1/200 a 1/320) y el exposímetro se sitúa en el centro.

Teniendo esto en cuenta, Creo que ya nos vamos haciendo a la idea de por dónde van los tiros: con la exposición podemos hacer muchas cosas (suena un poco estúpido y digno de cierto presidente de gobierno, pero es así): no solo vamos a decirle a la cámara cuánta luz va a entrar en su interior, sino que además podemos indicarle cómo queremos que esa luz se introduzca, generando de esta manera diferentes aspectos fotográficos, y, por lo tanto, contando historias diferentes.

Suelo explicar todo esto mediante una metáfora, que quizá a alguno de vosotros les sirva: los controles de exposición funcionan controlando un flujo de fotones. Pues bien, cambiemos la composición de ese flujo por agua; nuestro sensor es la pila del lavabo y la tubería por donde sale el agua será nuestro objetivo. Cambiaremos nuestros tres controles de exposición por tres grifos, cada uno de los cuales controla la salida de agua coloreada de maneras diferentes. Los tres chorros de agua salen por el mismo tubo con colores diferentes, que se mezclan en el momento de la salida, dando como resultado un tono particular condicionado por la cantidad de flujo de cada uno de ellos. Con un poco de esfuerzo de imaginación podremos fantasear con que ese flujo de agua funciona igual que los canales RGB, de forma que, si abrimos al máximo los tres grifos, el agua saldrá de color blanco. Accionando los tres grifos podremos controlar dos cosas: el tono del agua que sale, y su cantidad. De forma que podremos conseguir que salga agua de un color determinado con más o menos flujo si tenemos habilidad suficiente. Basta con saber cuánto tengo que abrir cada grifo (y cerrar los otros) para obtener el resultado que deseo. Con práctica suficiente podré controlar la cantidad de agua y su coloración casi como si fuesen elementos independientes unos de otros, cuando en realidad no lo son. Puedo conseguir, por ejemplo, que el agua salga absolutamente roja; y no solo puedo conseguir eso, sino que también puedo hacer que el agua salga igual de roja con mucho flujo o con poco flujo. O que salga igual de blanca con un potente chorro o con solo un hilillo de líquido (hilillos, de nuevo esto suena a lenguaje presidencial, qué curioso). Y si tengo cierto ánimo científico, terminaré grabando sobre cada grifo una escala numerada que me permita escribir las diferentes configuraciones en otos soportes y, a la larga, escribiendo un manual sobre “grifería de alta calidad”. Libre, por supuesto.

La metáfora de los grifos es aplicable a la de la exposición fotográfica con la salvedad de que en esta última las propiedades de la imagen van más allá de la mera combinación de colores. Como he ido diciendo, lo que puedo controlar con la exposición en mi cámara es el aspecto general de la fotografía, su profundidad de campo y las particularidades de los movimientos de los objetos en el encuadre. Pero esencialmente la idea es la misma.

Por todas estas razones el juego entre controles de exposición y exposímetro es tan delicado y esencial para controlar nuestras fotografías: sin el exposímetro sería imposible determinar a priori si nuestra imagen va a estar subexpuesta o sobreexpuesta con unos valores dados. Paralelamente, si los controles de exposición no estuviesen relacionados entre sí mediante la mecánica de los pasos (y a su vez con el exposímetro), tampoco podríamos predecir el impacto cualitativo que los ajustes en la exposición tendrán en nuestra imagen ni hacer nada para corregirlo con cierta precisión.

Con este panorama, y con los conocimientos acumulados a lo largo de esta serie, ya casi estamos preparados para comprender este despliegue de mecanismos que se establece entre la luz, la cámara y el fotógrafo-artista. Ante una situación dada, el fotógrafo-artista decide que quiere una fotografía con ciertas características:

  • Con una cantidad de luz determinada
  • Con objetos en movimiento “congelados” o con movimiento difuminado
  • Con fondo desenfocado o no

Regulando los ajustes de exposición y comprobando sus efectos en el exposímetro podrá llegar a la conclusión de que su toma es la correcta si conoce bien el funcionamiento de su cámara. Y para esto hace falta práctica. Me explico: se tarda tiempo en saber, por ejemplo, cuánto tengo que abrir mi diafragma para empezar a obtener un bonito fondo desenfocado. Más adelante me daré cuenta de que la distancia entre el motivo, el fondo y la cámara también influye, y ese conocimiento contribuirá a ajustar la exposición de manera más eficaz.

Límites de los controles de exposición

No es oro todo lo que reluce. Las posibilidades técnicas de nuestra cámara, como dije anteriormente, tienen un impacto importante sobre las exposiciones “posibles” en una circunstancia dada. A continuación os ofreceré una pequeña lista de cosas que hay que tener en cuenta en esto de la exposición y que tienden a limitarnos un pelín en algunas ocasiones.

La trepidación

Este es un fenómeno bastante molesto provocado por la velocidad de obturación. Consiste en un desenfoque causado por el movimiento de la cámara al ser sujetada con las manos; este movimiento tiene su origen, entre otras cosas, en el pulso del fotógrafo, se frecuencia cardíaca, su respiración y, en última instancia, la vibración introducida al pulsar el disparador. Una fotografía trepidada, sin llegar a estar movida, no es una fotografía a desechar de inmediato, pero sí que es una imagen “imperfecta” y lo deseable es que este fenómeno no se produzca.

La solución más inmediata, en este sentido, es el uso de un trípode, con el que se eliminan todos estos problemas. De hecho, el trípode es una de esas herramientas esenciales que deberían estar en el arsenal de todo fotógrafo con ciertas pretensiones. No obstante, no siempre disponemos de este accesorio en una situación fotográfica, o a veces no contamos con el tiempo suficiente como para desplegarlo en el momento oportuno. En estas circunstancias, la única forma de asegurarnos de que nuestra fotografía no saldrá trepidada es aumentando la velocidad de obturación. Esto conlleva el efecto indeseado de disminuir la entrada de luz, y, además, el de que la plasmación del movimiento puede no resultar de nuestro agrado si lo que queremos es objetos difuminados. Así, intentaremos, en la medida de nuestras posibilidades, subir lo mínimo que sea posible la velocidad de obturación para, al menos, disponer de cierto control sobre la toma. ¿Cuál es ese mínimo posible? Curiosamente, el aliado en este caso es el objetivo de nuestra cámara, y más en concreto, su longitud focal. En líneas generales, se recomienda que, fotografiando “a pulso”, la velocidad de obturación en décimas no sea inferior a la longitud focal.

Por ejemplo, si contamos con un objetivo de 35mm, la velocidad mínima debería ser de 1/40 (lo más cercano a 35mm, redondeando por arriba); en un objetivo de, pongamos, 100mm, la velocidad mínima debería ser de 1/100. Esta referencia se puede ver modificada dependiendo de algunos factores: si tienes un pulso de hierro y aguantas la respiración en el momento de la toma al estilo de los francotiradores de élite, puede que no necesites subir tanto la velocidad y te ahorres un paso; por otro lado, los dispositivos de estabilización mecánica de algunos cuerpos y objetivos nos pueden salvar algunos pasos más. No obstante, os recomiendo que intentéis seguir esta orientación lo más al pie de la letra que podáis, pues las fotografías trepidadas son una de las mayores frustraciones de un fotógrafo: muchas veces pueden pasar desapercibidas en el visor de la cámara y solo al llegar a nuestra casa/laboratorio de revelado comprobaremos, desesperados, que aquello que parecía un fotón tiene los malditos bordes desenfocados, trepidados, arruinados.

El ajuste ISO: aliado o enemigo

Otro elemento a tener en cuenta: el ISO. Tendemos a prestarle atención a la velocidad de obturación y apertura de diafragma a la hora de exponer, ignorando hasta cierto punto el tercer ajuste; este hecho no está falto de explicación: en realidad, el ajuste ISO no tiene un uso verdaderamente creativo, como sí tienen los otros dos. Por eso es natural que nuestra concentración se dirija inconscientemente a aquellos controles con los que podemos “crear historias”, y no a un mero “control de voltaje”. Sin embargo, el ajuste de ISO forma parte de la terna de mecanismos de exposición, y debe ser tenido siempre en cuenta. En primer lugar, porque en muchas ocasiones aumentar un poco la ISO va a ser la única forma de exponer como nosotros queramos. En situaciones de baja luminosidad, por ejemplo, donde queramos congelar el movimiento (escenas deportivas iluminadas artificialmente, entre otras), la elevada velocidad de obturación necesaria tendrá como contrapartida un menor flujo de fotones en el sensor, que ya de por sí va a recibir pocos en una circunstancia como la descrita. Si el ajuste de apertura de diafragma no consigue compensar esta subexposición, tendremos inevitablemente que echar mano del ajuste ISO para conseguir que las luces estén en su sitio.

Por otro lado, el ajuste ISO cuenta con la contrapartida negativa de la aparición del indeseable ruido digital en la imagen. Poco puede hacerse en estos casos, salvo intentar hacer uso de diversas técnicas de reducción de ruido en el momento del revelado. Así las cosas, lo único que puedo aconsejar es que uséis el ajuste ISO “con cabeza”. No renunciéis a el a priori, pues en muchas ocasiones va a ser sencillamente necesario. Pero procurad usarlo con mesura, y siempre que alguno de los otros ajustes no pueda hacer su mismo trabajo sin consecuencias indeseables a nivel visual.

Los ajustes automatizados

Otro elemento que debe ser tenido en cuenta a la hora de exponer es el de las ayudas que nos proporciona nuestra cámara en forma de ajustes automatizados. Suelen encontrarse en un dial en la zona superior del cuerpo, y sus características principales están representadas mediante símbolos y letras.

En la imagen, el dial de automatismos de una cámara réflex. En este caso, se encuentra en modo manual (M).

Por alguna razón, estos automatismos suelen ser denostados tan automáticamente por los autores como automáticos son sus automatismos (premio a la redundancia, lo sé). En realidad, lo que proporcionan estos automatismos son configuraciones “prefabricadas” que ajustan los valores de exposición y otros elementos para adecuarse a circunstancias determinadas. Resumiendo mucho el asunto, podemos encontrarnos con tres tipos de automatismos en la mayoría de las cámaras:

  • Modo automático: La cámara se intenta adecuar a cualquier circunstancia, analizando los datos de su entorno, y adaptándose al mismo intentando no cometer errores de medición. Es el modo “auto”.
  • Automatismos contextualizados: Se suelen representar por medio de iconos que tratan de transmitir el tipo de fotografía al que van orientados. Podemos encontrarnos con automatismos orientados a la fotografía de acción, al retrato, modo macro, paisaje… Además de los ajustes de exposición automatizados, tienden a reforzar ciertas configuraciones dedicadas a menudo al tipo de fotografía correspondiente. En el caso del automatismo de acción, por ejemplo, la cámara tenderá a congelar el movimiento, mientras que en el modo macro se intentará reducir la profundidad de campo para desenfocar el fondo.
  • Modos semiautomáticos: Se trata de modos a medio camino entre los automáticos y el modo manual.
  • Modo manual: En este modo se anulan todos los automatismos y el fotógrafo tiene control total sobre los mecanismos de ajuste de exposición. No es, por lo tanto, un modo automático, pero lo incluyo en la lista por aparecer representado en el dial de selección.

Voy a centrarme en los dos últimos puntos para extender un poco más la explicación, pues merece la pena conocer estos controles. Los modos semiautomáticos suelen ser dos y estár representados mediante las letras “A” y “S”. Corresponden con las iniciales de “aperture” y “speed” respectivamente y, en efecto, aluden a la apertura del diafragma y  la velocidad de obturación. En el modo “A” , llamado “de prioridad a la apertura”, el fotógrafo toma el control de este ajuste, mientras que la cámara se ocupa de ajustar automáticamente la velocidad de obturación intentando en todo momento conseguir una exposición centrada (es decir, con el exposímetro en la posición “cero” en el indicador). Es un modo que se recomienda en situaciones donde la apertura sea el elemento más relevante de la composición y donde no tengamos tiempo para ajustar todos los parámetros manualmente. En el modo “S”, (cuyo nombre habréis adivinado: “prioridad a la obturación”) ocurre justo lo contrario: tomamos el control sobre la velocidad de obturación y la cámara se encarga de ajustar la apertura para centrar la exposición. Este modo, naturalmente, está indicado para la fotografía en la que el reflejo del movimiento cobre protagonismo.

Tengo que incidir especialmente en el hecho de que estos dos modos, al igual que el resto de modos automáticos, están diseñados para centrar la exposición. En fotografía, se entiende que la exposición centrada es la que va a mostrar una imagen más similar a la que estamos observando en el momento de la toma. Sin embargo, esto no quiere decir que la exposición centrada sea la correcta. Es una exposición centrada, sin más. Aunque la representación “realista” del mundo visible sea la tendencia más común y universalmente aceptada como correcta, esto no quiere decir que el fotógrafo, de manera voluntaria y consciente, no pueda alterar los valores de exposición de manera que el resultado sea más claro o más oscuro que el entorno fotografiado. En estos casos, como en otros que expondré en la siguiente entrada, se impone el uso del modo manual, que es el único en el que realmente tendremos control absoluto sobre el resultado visual de la toma.

Ahora viene la diatriba: ¿quiere esto decir que el modo manual es el único “moralmente aceptable”? o ¿Los controles automáticos son, en este sentido, inútiles? ¿Quiere esto decir que la exposición centrada es la única correcta? ¿O es incorrecta? ¿Qué es lo correcto en fotografía? No creo que exista una respuesta válida para ninguna de estas preguntas. O quizá hay muchas igual de válidas.

En relación al uso de automatismos, me considero una persona pragmática: he pagado por el maldito dial de ajustes, y si puedo encontrarle algún provecho, lo voy a usar. En algunos casos he encontrado muy útil el ajuste automático de fotografía de acción, por ejemplo. Reconozco que la instantánea no es uno de mis fuertes y, en ese sentido, este ajuste automático me ha sacado de algún apuro con resultados bastante aceptables. Otros ajustes, si bien he ido abandonando su uso con el tiempo, me han ayudado mucho a ir aprendiendo sobre esto de la fotografía y la exposición, analizando lo que ha hecho mi cámara en una circunstancia determinada e intentando luego aplicar los valores de exposición en otras circunstancias.

Por otro lado, los ajustes semiautomáticos son válidos en la mayoría de circunstancias normales, y el modo automático, con su nula intervención por parte de la máquina, se convierte en un juego delicioso donde la práctica de la fotografía se convierte en un desafío intelectual de gran nivel. Es decir, que por mi podéis hacer lo que os apetezca, pues al final la fotografía digital viene determinada por el hecho de que el resultado del proceso de la toma corresponda con la intención creativa del autor. Y esto abre un panorama de posibilidades que excede con mucho cualquier dogma que se pretenda imponer.

De momento, esto es todo. En la siguiente entrega pasaré a hablar con más detalle de algunas circunstancias fotográficas donde la exposición puede ser condicionada por diversos factores.

Nota: Todas las imágenes, si no se indica lo contrario, son obra del autor de este artículo y se pueden usar libremente, citando la fuente. El resto de imágenes son obra de sus respectivos autores y cuentan con la licencia correspondiente que permite su uso. La imagen destacada es obra de 1681551 (con ese nombre, no sé si es una persona o un androide, pero sus derechos tendrá sea lo que sea) y aparece en Pixabay (Dominio Público).

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B-Lion
Lector

Jen0f0nte, vengo siguiendo la seguidilla que vienes haciendo sobre fotografía y no me quedan palabras para agradecer que pongas a disposición tus conocimientos. Te mando un abrazo muy grande desde aquí argentina.

B-Lion
Lector

Deberías pensar de recopilar todos estas publicaciones más adelante y presentarlas como un libro..

rbolgn
Lector
rbolgn

Esto más que un libro ya se está convirtiendo en todo un curso de fotografía para impartir en cualquier clase.
Buen trabajo

alexx0012
Lector
alexx0012

Gran trabajo y muy bien explicado como siempre…. se te echa de menos en youtube y los tutoriales de darktable, que sigue innovando, ya se puede licuar …….. bueno al tema, ha faltado un modo del que pocos hablan el modo P. Para mi es mi preferido. La cámara toma la decisión de que valores usar con respecto a la información del fotómetro pero tu puedes modificar esos valores y ella los compensa. Un abrazo y sigue así.

Sara
Lector

Me acabo de leer los cuatro últimos artículos seguidos… pero estoy bien, si bien es cierto que la mayor parte del tiempo sé de lo que estas hablando. Pero me viene de lujo repasar y “recordar” que aún tengo mucho que aprender al respecto de la toma de la fotografía en sí y no picarme tanto con procesado. Cuando compré mi primera cámara con modos manuales me entró un poco esa reticencia que dices hacia los modos auto o semiauto. Lógicamente no hacía una foto buena, aunque teóricamente los conceptos los conocía, y no fue hasta que otro bloguero al que debo mucho me hizo caer del burro y dejar de intentar hacer las fotos que necesitaba y cuando las necesitaba en modo manual. Empecé entonces a experimentar con el modo P y sobre todo con la prioridad a la apertura, que a día de hoy sigue siendo mi modo… Leer más »