En el capítulo anterior hacía alusión al histograma fotográfico, sin entrar en más detalle. Para lo que os quiero explicar hoy voy a tener que profundizar un poco más en esta herramienta, cuyo conocimiento es crucial tanto en el momento de la toma como en el posterior revelado. Y continuaremos con el repaso de los preajustes más importantes, por supuesto.

El histograma

Un histograma no es más que una representación gráfica de la información que contiene una imagen. Se trata de un diagrama bastante sencillo, de tipo cartesiano: tenemos un eje horizontal (el eje x, o eje de abscisas) y uno vertical (el eje y, o eje de ordenadas). Los histogramas se usan con profusión en multitud de aplicaciones: en cualquier ámbito que requiera de cierto análisis estadístico los histogramas nos ofrecen una visualización rápida de la distribución de los datos. Y como me gusta alejarme de vez en cuando del mundo de la fotografía para ilustrar conceptos, aquí os dejo un histograma de mi consumo de gin-tonics a lo largo de la semana:

Este gráfico corresponde con una licencia literaria y no tiene por qué ajustarse a la realidad. O sí, quién sabe.

El histograma anterior me ayuda a advertir de un solo golpe de vista que los fines de semana dedico más esfuerzo a la actividad de empinar el codo que los días laborables, lo cual es bueno según se mire.

En el ámbito fotográfico la cosa es similar a lo anterior, solo que en lugar de gin-tonics tenemos píxeles, y en lugar de días de la semana tenemos tonos. ¿Cuántos de cada uno? La respuesta es fácil: para tonos, son 256, ni uno más, ni uno menos. Recordemos que el objetivo de la toma fotográfica es obtener eso, una foto, y que las fotos digitales como tales son archivos jpg o similares, es decir, archivos comprimidos listos para ser visualizados y, como vimos en el capítulo anterior, con ocho bits de profundidad. Este es nuestro eje horizontal. En cuanto al eje vertical, la cantidad de píxeles dependerá, naturalmente, de cada fotografía. A continuación, algunos histogramas de imagen, en condiciones controladas: he elegido algunas imágenes de bloques de colores grises para ver cómo se distribuye la información en el gráfico:

Diversos histogramas “simplificados”, con su imagen correspondiente detrás. Clic para ampliar y ver más en detalle.

En los correspondientes histogramas se advierte cómo la información se sitúa en su sitio: en los histogramas visuales, los tonos más claros se colocan a la derecha, y los más oscuros a la izquierda, quedando las zonas centrales para las tonalidades intermedias.

Una vez determinada la distribución de la información, ya estamos preparados para examinar un histograma en condiciones no controladas, es decir, en una fotografía real; y como en el artículo de hoy la cosa gira en torno a los bebedizos espirituosos, aquí os va el ejemplo:

Histograma de una fotografía “real”: los datos se distribuyen conforme a la información tonal que proporciona la imagen.

En este histograma podemos advertir cómo la información se distribuye más o menos uniformemente a lo largo de todo el histograma, en lo que corresponde con una fotografía tomada en condiciones de luminosidad diurna normal. También se puede advertir que hay una cierta elevación a la izquierda, que corresponde con toda probabilidad a las letras negras del cartel, y una elevación algo menor a la derecha, que seguramente hace alusión a la zona blanca adjudicada a la publicidad de sidra natural.

Y para convertirnos en auténticos expertos, podemos utilizar los siguientes ejemplos para analizar las características de sus correspondientes imágenes… ¿apetecen unas cervecitas?:

Histograma de una imagen sobreexpuesta; los datos se agolpan a la derecha porque la imagen es muy luminosa.

En este ejemplo podemos ver cómo los datos del histograma se agolpan a la derecha. La imagen esta sobreexpuesta, es decir, hay mucha luz y pocas sombras (o ninguna).

Histograma de una imagen subexpuesta; los datos están apretados a la izquierda.

Y en esta ocasión tenemos la situación contraria. El cúmulo de información en la izquierda confirma lo que podemos advertir a simple vista: la imagen está muy oscura, y apenas hay altas luces. Es una fotografía subexpuesta.

Como de costumbre, más adelante tendré oportunidad de hablar más en detalle de los conceptos de sub y sobreexposición, pero de momento nos quedamos con la idea de que el histograma nos da una información muy valiosa acerca de cómo la cámara ha recogido los datos en el momento de la toma. Según las condiciones de la captura, y de acuerdo a los datos del histograma, podemos tomar la decisión de aceptar el disparo como bueno, o repetirlo con nuevos ajustes. En este sentido, el histograma es una herramienta crítica para el fotógrafo, pues nos aporta la información necesaria para decidir qué vamos a hacer con una captura concreta, e incluso para intuir qué posibilidades de revelado tiene. Asunto este último sobre el que hablaré… ya sabéis, más adelante.

Ajustes de contraste, tono, saturación y enfoque

Lo dicho anteriormente me lleva a otro de los ajustes importantes que se encuentran en el interior de nuestras cámaras. Me refiero a los ajustes que afectan a cosas como el contraste o la saturación de nuestras imágenes, entre otros. Suele encontrarse en alguna parte de los menúes de nuestra cámara, así que os animo a buscarlo. Estos ajustes sirven para indicarle a la cámara qué aspecto queremos que tenga nuestro archivo jpg tras la toma. Nuestras cámaras cuentan con un software interno que se encarga de revelar por nosotros las imágenes, y dependiendo de cada fabricante, el usuario tiene a su disposición ciertos ajustes para controlar el aspecto definitivo de la foto. Si hemos leído con atención probablemente ya estaréis llegando a la conclusión que os quiero adelantar. ¿Para qué me sirven estos ajustes si disparo en RAW y, por lo tanto, yo mismo me voy a encargar de revelar la fotografía? La respuesta es un tanto compleja, pero la conclusión es sencilla de exponer: estos ajustes sí son relativamente importantes. Vamos a ver por qué.

Cuando tomamos una fotografía mediante una cámara digital contamos con la posibilidad de examinar el resultado a través de la pantalla integrada. Esta pantalla muestra no sólo la previsualización de la imagen, sino que además nos da bastante información técnica que, bien interpretada, nos ayuda mucho a decidir si la toma ha sido buena o no. Ahora viene lo interesante: el archivo RAW, como os he dicho ya demasiadas veces en este artículo, no es una foto. Así que lo que vemos en la pantalla de la cámara no es el RAW. De nuevo se trata de un jpg creado automáticamente que nos da una información bastante limitada sobre la imagen. Y este jpg estará sometido a las modificaciones que le hemos indicado a la cámara, naturalmente. De este modo, el fotógrafo se encuentra con una limitación importante a la hora de tomar fotografías. Su nivel de confianza en cuanto a las posibilidades de edición posteriores está condicionada por la capacidad de nuestras cámaras para mostrar información fidedigna acerca de las imágenes que capturan. En la siguientes fotografías podemos comprobar este hecho. Se trata de la previsualización de dos capturas del mismo motivo, con ajustes de imagen diferentes. En un caso he dejado todas las opciones en neutro o desactivadas, y en el otro he ajustado con valores de contraste fuerte, reducción de ruido y todas las opciones que activaría si quisiese obtener un jpg directo:

Pantalla informativa con los ajustes “en neutro”.
La misma pantalla, el mismo motivo, pero los preajustes son diferentes. El histograma cambia ligeramente.

Como podéis observar, las diferencias de la imagen previsualizada son mínimas, pero suficientes para sostener que las imágenes son diferentes. Os pido que prestéis especial atención al histograma de las dos imágenes, que es sustancialmente diferente, en especial en la parte de la derecha. ¿quiere esto decir que las imágenes son diferentes? En realidad, no. Si descargo las dos imágenes y las edito, las dos fotos son virtualmente idénticas, y puedo obtener buenos resultados con ambas. Mi cámara me está “engañando” de alguna manera, pues los histogramas que me ofrece no corresponden con el RAW, sino con el jpg autogenerado por ella. Y los histogramas son erróneos en los dos casos. Sin embargo, si tengo que quedarme con uno de ellos, prefiero la información que me ofrece la fotografía tomada con ajustes neutros, pues estará más cerca de contarme lo que de verdad tiene el RAW en su interior.

En conclusión: siempre que vayamos a disparar en RAW conviene ajustar vuestra cámara de manera que no haya un procesado interno, o que este sea lo más neutral posible: contraste neutro, sin saturación extra, nada de reducción de ruido ni enfoque… los ajustes son muchos y dependen de cada fabricante, pero creo que he sido claro; os toca a vosotros bucear entre los menúes de ajuste y buscar los que corresponden a vuestra cámara. En el caso de que hayáis planificado una sesión “sencilla” en la que vais a disparar en jpg, conviene darle un repaso a los mismos ajustes y dejarlos preparados para que la cámara haga un buen revelado por sí sola. Y cruzad los dedos, claro.

Espacios de color

Este es otro asunto bastante polémico, que suele ser objeto de debate en manuales, sitios web y foros. El espacio de color se puede incluir en la categoría de preajuste de cámara, y debería pasar el mismo proceso de verificación-selección que aplicamos al resto de preajustes. Pero, vamos por partes, primero definiendo qué es esto del espacio de color.

Como hemos visto hasta ahora, nuestras cámaras digitales son capaces de recoger una cantidad de información que roza lo obsceno. Hablamos de trillones de combinaciones tonales posibles, muchas más de las que nuestro ojo es capaz de captar, y, por descontado, muchísimas más de las que nuestros dispositivos de visualización son capaces de mostrar, e incluso mayores que las longitudes de onda disponibles en el espectro electromagnético, correspondiente a la luz visible. El rango de colores perceptibles fue definido por primera vez en 1931 por la Comission Internationale de l´Éclairage, de la que toma las iniciales para transformarse en la especificación C.I.E. 1931 o C.I.E. RGB.

Diagrama cromático C.I.E. 1931. En el gráfico se representan los colores visibles. Los números marcan las longitudes de onda, y los nombres de colores corresponden con la nomenclatura del sistema de color Munsell. Gráfico propio modificado. Fuente original: Wikipedia. Autor: Paulschou. Licencia CC BY-SA 3.0.

Nos encontramos de nuevo con el viejo conocido (que no amigo) de las limitaciones prácticas y económicas que la industria de las nuevas tecnologías impone a los usuarios. Si el ojo humano se puede conformar con una profundidad de ocho bits, el resultado es que la gama tonal se ve reducida drásticamente, por lo que necesariamente los archivos comprimidos en formato jpg o similar deberán “elegir” de alguna manera qué colores concretos van a mostrar en la imagen definitiva. Esto significa que los tonos mostrados en los archivos comprimidos muestran unos tonos que no son “reales”, es decir, que corresponden a un rango tonal limitado por las posibilidades técnicas,  y no por los tonos reales del entorno que hemos  fotografiado. De nuevo, los algoritmos cobran protagonismo, y la tarea de seleccionar los colores que vamos a ver en nuestras fotos ha sido responsabilidad de algún matemático o ingeniero en algún oscuro tugurio. O bien Iluminado, o ni siquiera en un tugurio. Bueno, no sé, no es relevante dónde se hicieron los cálculos…. sigo con el asunto, que me disperso.

Este proceso de selección de tonos tiene un primer paso en la delimitación misma de la gama tonal que se podrá mostrar. Esa delimitación se denomina “espacio de color”, y cuenta con algunas variedades aceptadas como estándares (en algunos casos, no pasan de ser estándares de facto, pero ese es otro tema) utilizados en contextos determinados. Estos espacios de color pueden ser más o menos reducidos, es decir, pueden mostrar más o menos tonos diferentes. ¿Cuáles son los más usuales? Los siguientes:

  • sRGB
  • Adobe RGB
  • RGB Prophoto

Las posibilidades tonales de cada uno van desde las más limitadas del sRGB a las literalmente desproporcionadas del RGB Prophoto. Adobe RGB se queda entre ambos y representa un espacio de color suficientemente amplio como para ser reconocido como estándar de facto en edición fotográfica. Por su parte, las limitaciones de sRGB son aprovechadas por la industria para la elaboración de dispositivos de visualización y de impresión de gama baja o media.

Así las cosas, el proceso de transformación de la luz visible en un archivo jpg tiene tres pasos fundamentales:

  1. El sensor transforma la información de los fotorreceptores en datos digitales en bruto.
  2. Los datos en bruto son analizados, atribuyéndose mediante algoritmos de interpolación los colores correspondientes en el caso de que estén fuera de la gama tonal de que disponga el espacio de color seleccionado.
  3. La información resultante se guarda en un archivo jpg, que mostrará los colores “inventados” por el algoritmo de interpolación correspondiente.

Este proceso muestra a las claras cómo la fotografía digital es en realidad un concienzudo (y en el fondo, muy bien ejecutado) artificio matemático: a pesar de los pesares, la mayoría de nuestras imágenes muestran bastante bien los colores, y suele dar la impresión de que los mismos son muy similares a los tonos que percibíamos en el mundo real en el momento de hacer la fotografía. Sin embargo, las posibilidades de que los colores sean más fidedignos serán mayores si facilitamos el trabajo al algoritmo de interpolación proporcionándole una muestra de datos mayor, mediante un espacio de color más amplio. Por esta razón, el uso de espacios de color grande suele dar como resultado fotografías con colores más ricos.

Diagrama de espacios de color, superpuestos al Diagrama Cromático C.I.E. 1931. Nótese cómo el espacio RGB Prophoto excede los límites de los tonos visibles. Imagen propia adaptada de: Fuente: Wikipedia. Autor: Cpesacreta. Licencia: CC BY 2.5

Debido a lo anterior, nuestras cámaras fotográficas dispondrán, probablemente, de la opción de seleccionar entre Adobe RGB y sRGB como espacio de color propio. Ahora bien, ¿cuál debemos elegir nosotros? Es importante señalar en este punto que los espacios de color van a afectar al fichero visualizado, es decir, al jpg que obtendremos después del revelado. Así a priori, todo parece indicar que el espacio de color es irrelevante cuando estemos disparando en RAW… y, sin embargo, esto no es así del todo.

No debemos olvidar lo dicho hasta ahora sobre los preajustes: la información que nos muestra la pantalla de nuestra cámara cuando previsualizamos una imagen está basada en un fichero jpg incrustado en el propio RAW, pues esta es la única manera de poder acceder de manera aproximada a la información del archivo en bruto. De esta forma, la previsualización en cámara sí que estará sometida a las limitaciones que le impongamos en cuanto al espacio de color, aunque el archivo RAW obtenido sea ajeno a ellas.

La pregunta se mantiene: aunque el archivo RAW no se vea afectado por el espacio de color, ¿cuál es el más recomendable para que la previsualización y su histograma asociado sea el más similar a la información potencial de la toma? Aquí es donde personalmente empiezo a tener serias dudas sobre la información que hay disponible en Internet y otras fuentes escritas. Y es que me he encontrado con afirmaciones mutuamente contradictorias: hay quienes afirman, y lo hacen con total rotundidad, que debemos elegir Adobe RGb sí o sí, pues este es el espacio más amplio y, por lo tanto, el histograma correspondiente será más cercano al contenido del RAW. Otras fuentes, sin embargo, sostienen exactamente lo contrario: el espacio sRGB es el único que nuestras pantallas de visualización son capaces de mostrar, por lo que sea como sea, nuestra previsualización no podrá mostrar más información que esa. a falta de pruebas mayores, me atrevo a sugerir la primera hipótesis como más plausible que la segunda, aunque insisto en que necesito hacer pruebas mas serias para llegar a conclusiones definitivas.

Eso sí, todo lo dicho anteriormente no sirve de nada si lo que hacéis es tirar en formato jpg, lo cual no es descabellado, como sostuve en la entrega anterior de esta serie. En este caso, elegir un espacio de color sí que es muy relevante, y la elección dependerá del destino definitivo de la imagen: si el destino de vuestros jpg va a ser pulular por la red, la recomendación más sensata es que elijáis el sRGB, pues probablemente las pantallas que visualizarán ese archivo sólo serán capaces de reconocer los estrechos límites de este espacio de color. Lo mismo se aplica a la impresión si sabéis de antemano que las impresoras a las que irá destinado el archivo no son capaces de manejar espacios de color superiores. En caso contrario, de nuevo se impone el espacio de color mayor por su mayor capacidad de mostrar colores de manera más o menos fidedigna, sin necesidad de interpolaciones.

Y esto es todo lo que, de momento, tengo que decir en cuanto a los preajustes internos. Por suerte, esta es una tarea que me ha ocupado menos trabajo que la sección dedicada a la composición, ya que esto de ajustar la cámara es una tarea bien poco apasionante, la verdad. En el capítulo siguiente pasaremos a otro tipo de ajustes, en este caso ya más interesantes: vamos a aprender a exponer correctamente.

Nota: Todas las imágenes, si no se indica lo contrario, son obra del autor de este artículo y se pueden usar libremente, citando la fuente. El resto de imágenes son obra de sus respectivos autores y cuentan con la licencia correspondiente que permite su uso.

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Javierinsitu
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Muy completo, un gusto leerlo, como siempre.
Saludos!