Acudir a una tienda especializada en fotografía puede ser una experiencia muy peligrosa. Lo más probable es que, al salir de la tienda, te encuentres con un par de bolsas bien nutridas de cachibaches que no habías pensado adquirir, y, lo que es peor, con tu tarjeta de crédito pidiendo a gritos un minuto de respiro. Lo mismo se aplica a las cada vez más frecuentes compras por internet, con la diferencia de que en la compra “física” al menos te das un paseo.

Pues bien, de todos los aparatitos, gadgtets o como queráis llamarlos, que se pueden adquirir, probablemente los objetivos son la compra más delicada de todas. No en vano el cuerpo de la cámara es una compra única, y salvo que quieras disponer de un segundo cuerpo (algo solo recomendable en el segmento profesional) o sufras un desgraciado accidente, te va a acompañar durante muchos años, mientras que tu colección de objetivos puede engrosarse sin solución de continuidad. Y no son chismes baratos, precisamente. Sin pretender  convertir este artículo en una guía de compra de lentes, al menos voy a intentar una clasificación de los mismas, con la intención de aclarar no solo las diferentes tipologías, sino los usos más convenientes de cada grupo de cristales que examinaremos. De este modo, aprenderemos a seleccionar el cristal correcto para cada situación fotográfica, y a, de alguna manera, planificar nuestras compras en caso de que la falta de un objetivo concreto limite nuestras posibilidades de éxito en la siguiente sesión de fotos. Lo que no voy a conseguir, me temo, es frenar la tendencia a coleccionar estos hermosos objetos (porque bonitos son, o al menos a mi me lo parece), hasta conformar la estantería más cara del barrio. Ese es un virus que aqueja a cada fotógrafo y debemos asumirlo.

Clasificación de objetivos

En primer lugar, tenemos que definir criterios de clasificación. No es tarea fácil, y, como de costumbre, tengo que resumir más de lo que me gustaría para no eternizar esta primera parte de FLAC. En segundo lugar, y antes de lanzarme a más profundidades, quiero avisaros de que os convendrá, caso de que no conozcáis bien el tema, tener abierta en una segunda ventana la entrada anterior de esta serie, porque los criterios de clasificación tienen que ver, en su mayoría, con las características técnicas de los objetivos. Este es el enlace correspondiente a la primera entrega dedicada a los objetivos.

Dicho esto, vamos al grano: Voy a realizar tres tipos de clasificaciones alternativas, atendiendo a criterios diferentes, por lo que es posible que un mismo objetivo entre dentro de un grupo de una clasificación y en otro de otra clasificación diferente. Creo que es importante responder a varios criterios porque no existe una clasificación “estándar” de objetivos, así que es conveniente tener en cuenta toda la información disponible. La primera clasificación tendrá en cuenta la distancia focal; la segunda, el tipo de construcción; la tercera y última, el tipo de propósito.

Clasificación “focal”

La distancia focal, como ya sabemos, determina en muchas ocasiones el tipo de imagen que vamos a obtener, y sobre todo las circunstancias en las que vamos a poder realizar la toma. Es por ello que este tipo de clasificación es el más extendido y del que más información podréis obtener en la red. Esta clasificación se puede encarar de varias formas, en función de lo exhaustivos que queramos ser. De este modo, la forma más simple de agrupar lentes teniendo en cuenta su longitud focal nos daría como resultado una división ternaria:

  • Objetivos cortos: desde la mínima distancia focal  posible hasta unos 35mm. Ángulo de visión mayor de 65º.
  • Objetivos normales: entre 45mm y 70mm. Ángulo de visión entre 40º y 65º.
  • Objetivos largos:  a partir de 70mm en adelante. Ángulo de visión menor de 40º.

Antes de continuar, es importante recordar que las cifras de distancia focal que habéis visto, y que se toman como referencias para el establecimiento de los diferentes tipos de objetivos, se basan en la distancia focal “real” en sensores de 35mm “Full Frame”. Para el resto de sensores, deberéis aplicar el factor de multiplicación correspondiente, como indico en el capítulo anterior de esta serie.

¿Por qué tres grupos de objetivos? La respuesta a esta pregunta tiene que ver con la comparación que en fotografía se establece entre la amplitud de campo que es capaz de capturar un objetivo determinado y la propia visión humana. Los objetivos cortos abarcarían un ángulo superior al de nuestro ojo, mientras que los largos tendrían un ángulo más reducido;  en medio de ambos se situarían los objetivos normales, que darían como resultado imágenes más similares a lo que nosotros vemos. De todas formas, esto que acabo de señalar merece alguna consideración adicional que daré más adelante en este mismo capítulo, porque no es del todo cierto, o, al menos, se puede puntualizar. En cualquier caso, es una clasificación válida y que por sí misma puede ser suficiente en la mayoría de los casos. No obstante, vamos a profundizar un poco más y a establecer algunas subdivisiones.

Objetivos angulares

Con este nombre se conoce a los objetivos de tipo corto; entre sus características más importantes, además de las técnicas (distancia focal y ángulo de visión), están las puramente visuales. Ya sabemos que los objetivos angulares capturan un campo de visión más amplio que el resto de objetivos, pero además nos encontramos con otras propiedades ópticas importantes.

Fotografía tomada con 18mm de longitud focal (factor de multiplicación 1,6x, resultando un 28mm efectivo). Nótese la inclinación de la torre a la derecha, distorsión típica producida por estas longitudes focales.

En primer lugar, los objetivos angulares tienden a producir una distorsión en la imagen, que adquiere un aspecto “abultado” o “torcido”. Esta distorsión es especialmente evidente cuando en la fotografia aparecen líneas rectas verticales, que se verán como líneas curvadas más pronunciadas cuanto más alejadas estén del eje central vertical de la imagen. Además de este efecto visual, los objetivos angulares gozan de una amplia profundidad de campo: dicho de otra manera, son capaces de mantener en foco un rango muy amplio, y pocas zonas o ninguna quedarán borrosas o desenfocadas. Por todas estas razones los objetivos de tipo angular tienen sus usos particulares, así como sus contraindicaciones:

  • Son especialmente útiles en la fotografía de paisajes (por su amplio ángulo y su capacidad de mantener toda la imagen en foco), de interiores (si estáis buscando un piso de alquiler y las fotos las ha hecho un profesional, comprenderéis lo importantes que son estos objetivos) y arquitectura (con limitaciones, debido a la distorsión de las líneas antes mencionada).
  • No se recomiendan en fotografía de retrato (la distorsión hace que los rostros no se vean naturales), fotografía de detalle (por su gran profundidad de campo, el objeto fotografiado no se “distingue” de su entorno, al estar todo en foco) o fotografía de acción (por las mismas razones).

Si queremos ser más precisos, podemos establecer subdivisiones en los angulares, encontrándonos con los siguientes subgrupos:

  • Gran angular: Es el objetivo angular por antonomasia, y abarca entre 24mm y 35mm aproximadamente.
  • Ojo de pez: Es un objetivo de los que podemos englobar en el grupo de “cristales especiales”, que describiremos más adelante. Los objetivos ojo de pez tienen una distancia focal aún menor que los grandes angulares (24mm o menos) y, como os podéis imaginar, generan imágenes con un ángulo visión mucho más grande y, naturalmente, una mayor distorsión. Las fotografías obtenidas con estos objetivos suelen ser muy impactantes aunque la distorsión que producen hace que no sean adecuados en muchas circunstancias. Es por esta razón que se consideran objetivos especializados. La mirilla de la que hablaba en el capítulo anterior se podría considerar como una lente ojo de pez, por ejemplo.

Teleobjetivos

Es el otro nombre que reciben los objetivos largos. Su ángulo estrecho genera, como en el caso anterior, una serie de efectos ópticos que se pueden aprovechar. En el caso de estos objetivos, e inversamente a los angulares, los teleobjetivos tienen una profundidad de campo muy corta, así que tienden a generar zonas borrosas en las áreas que estén delante o detrás de la zona que hayamos enfocado expresamente. Estos son los objetivos que suelen usarse para conseguir el atractivo efecto “bokeh”, por ejemplo.

Imagen tomada con una longitud de 135mm (con la corrección de 1,6x, resulta en 216mm). Nótese el desenfoque del fondo, gracias a la corta profundidad de campo en estas longitudes. Asimismo, la distancia aparente entre la mujer del frente y la fuente en la zona central es más cercana de lo que era en realidad, otro efecto colateral de estos objetivos.

También tienen una tendencia a “acercar planos”, de forma que sirven para que objetos que estén a gran distancia se vean más cerca (y más grandes, lógicamente), o también para que los diferentes planos de la imagen se vean más próximos los unos a los otros. Por ejemplo, son los objetivos que consiguen que la Luna aparezca con tamaños espectaculares en la fotografía nocturna. Veamos sus “pros y contras”:

  • Son muy recomendables para fotografía de retrato, al poder “separar” al sujeto de su entorno con el desenfoque inherente de la lente. Al mismo tiempo, son objetivos con los que se puede seleccionar elementos de un contexto y aislarlos de su entorno, por lo que pueden ser muy indicados para la fotografía de acción (son omnipresentes en la fotografía deportiva, por ejemplo) o la fotografía macro (de la que hablaré más adelante en este capítulo). La capacidad para acercar objetos hace que sean utilizados en casos en los que los sujetos a fotografiar estén a grandes distancias, por lo que son usados frecuentemente para la fotografía de fauna salvaje (caza fotográfica); en el fotoperiodismo (bien sea de investigación, de acción o de pura prensa rosa) o en la fotografía de eventos, donde el fotógrafo suele tener que situarse a distancia de los sujetos.
  • Son objetivos grandes, pesados e incómodos, algo a tener en cuenta si vamos a planear una sesión de fotos larga o cámara en mano. También tienen cierta tendencia a ser más oscuros que otros cristales, salvo que hagamos grandes inversiones en teleobjetivos luminosos. Esto nos obligará a tomar fotografías en situaciones de gran luminosidad o a tirar de ISO’s altas más de lo que quisiéramos. Su ángulo estrecho los convierte en objetivos inútiles para fotografía de paisaje, evidentemente.

Los teleobjetivos también se pueden agrupar en familias, en función de cómo de “extremos” sean:

  • Los teleobjetivos “a secas” suelen tener una longitud focal de entre 70mm y 300mm. Son los más habituales y los que se suelen recomendar en situaciones fotográficas “estándar”. en sus longitudes más cortas (alrededor de 70mm) son los que se emplean para el retrato.
  • Súper teleobjetivos: a partir de 300mm nos encontramos con armatostes más parecidos a telescopios que a otra cosa. Este tipo de cristales tienen un terreno de acción más restringido y generalmente orientado al usuario aficionado especializado o al profesional de la fotografía. Son los que se emplean en caza fotográfica o en fotoperiodismo (especialmente los paparazzi).

Objetivos normales

Sí, ya sé que he alterado el orden lógico de la clasificación… pero quería dejar este tipo de objetivos para el final, porque puede que se conviertan en vuestros mejores amigos. Los objetivos normales, más específicamente el de 50mm (que es “el normal” por antonomasia) no tienen ninguna de las particularidades de los anteriores, y por lo tanto no disponen de un carácter especial. Esto es lo que les convierte en objetivos ideales para representar escenas más cercanas a la de la visión real del fotógrafo en el momento de la toma.

Aunque la longitud nominal en esta toma es de 35mm, tras la aplicación del factor de multiplicación tenemos un 56mm efectivo, es decir, una longitud “normal”.

Su característica principal es precisamente esa: el equilibrio. No tienen un ángulo amplio como los angulares, pero a cambio no distorsionan las líneas. Y no acercan los objetos ni tienen una profundidad de campo inherente tan grande (aunque, como veremos, lo saben compensar de otras maneras) como los teles. Estas notas ya nos sirven para adelantar sus puntos débiles y fuertes:

  • Son perfectos para crear imágenes equilibradas, para dotar de serenidad a la foto; en este terreno nos adentramos en el fascinante mundo de la percepción visual humana, y de los efectos psicológicos que la fotografía puede provocar en el espectador. El objetivo normal proporciona una imagen en la que el espectador puede entretenerse con los detalles o, indistintamente, fijarse en elementos específicos, pues el carácter de la foto así lo permite. El objetivo normal no tiene una situación específica de uso, pues puede servir tanto para fotografiar un paisaje como para capturar un detalle. Perderemos el carácter que angulares y teles proporcionan a cada tipo de toma, pero la foto seguirá transmitiendo el mensaje que queremos comunicar.
  • Otra ventaja de estos objetivos es que suelen ser muy luminosos, por lo que podemos conseguir un efecto similar al de los teles en cuanto a su profundidad de campo: las aperturas grandes provocan un desenfoque con el que obtendremos magníficos “bokeh” sin necesidad de cargar con un pesado teleobjetivo.
  • ¿Tienen algún lado negativo? La respuesta no es fácil. Quizá su carácter intermedio puede hacer que, en principio, muchos fotógrafos prefieran otras opciones en determinadas circunstancias. Los paisajes, por ejemplo, siempre serán menos impactantes con un objetivo normal que con un angular. Sin embargo, y si os sirve mi humilde experiencia como fotógrafo amateur, os puedo asegurar que la flexibilidad de este tipo de longitud focal termina compensando.

Ángulo de visión humana

En esta clasificación he hecho algunas referencias al ángulo de visión humana, y las comparaciones resultantes entre este y el ángulo de visión que es capaz de recoger un objetivo determinado. Lo cierto es que, aunque es un tema que se puede distanciar de los contenidos de esta serie, no deja de ser interesante conocer con algo más de detalle qué es esto de los ángulos de visión humanos, algo que nos ayudará, sobre todo, a terminar de comprender qué diferencias perceptivas tendremos con una focal determinada. Más interesante aún resulta saber que, en realidad, el ángulo de visión humano (llamado “campo visual” en términos ópticos) viene determinado no sólo por factores puramente óptico-mecánicos, sino también por cuestiones relacionadas más con la facultad neuronal de interpretar la luz que impacta en nuestras retinas y que el cerebro transforma en información visual. De modo que no resulta sencillo responder a la pregunta de cuántos grados tiene nuestro campo visual, y lo más cómodo sería responder con un oportuno pero insolente “depende”. En términos puramente ópticos, no obstante, el ángulo de visión de nuestra especie correspondería con unos 180º en la horizontal y 70º en el eje vertical… lo cual no encaja, a priori, con lo que ya sabemos sobre los ángulos que son capaces de capturar nuestros objetivos. De hecho, en teoría estos ángulos deberían corresponder más con un objetivo de tipo gran angular que con el querido 50mm (de unos 46º de ángulo). ¿A qué se debe esta diferencia y porqué seguimos considerando el 50mm como lo más similar al ojo humano?

En la imagen, el campo visual humano en todos los ejes correspondiente con dos ojos sanos. Nótese como el ángulo es notablemente mayor hacia el exterior que hacia la nariz, y cómo es asimismo más pequeño en el eje vertical que en el horizontal. Marcado en rojo, los límites de percepción visual, que tienden a extenderse en el eje horizontal y a estrecharse en el vertical. Ilustración propia basada en una imagen de: Autor: Strasburger, Fuente: Wikipedia – CC BY-SA 4.0

La cuestión está más en nuestro cerebro que en nuestro ojo. Os recuerdo que, en realidad, el ojo humano no es una máquina tan perfecta como nos imaginamos. En términos mecánicos, de hecho, es bastante defectuoso a la hora de recoger la luz, especialmente en los ángulos más grandes. Si tenemos la sensación de que “vemos bien” tanto lo que está en el centro de nuestro campo visual como lo que está a los lados es porque el cerebro está permanentemente reconstruyendo la información que le envía el ojo, y “recreando” un universo visible dotado de formas, colores y enfoque uniformes. Echadle un vistazo a la siguiente tabla:

 

Escala de percepción visual binocular humana. Las capacidades de visión mejoran a costa de reducir el ángulo. El ángulo de cinco grados corresponde a la capacidad de reconocimiento de detalles pequeños o textos; a continuación, la identificación de formas y volúmenes, que finaliza alrededor de los quince grados; la capacidad de reconocer colores no va más allá de los 45 grados, y a partir de ese ángulo solo somos capaces de percibir el movimiento. Por suerte, nuestro cerebro se encarga de reconstruir la información que recibe el ojo, para darnos la sensación de que nuestra visión es más uniforme de lo que realmente es. Este es un gráfico basado en una obra de: Autor: D3kc1s, Fuente: Wikipedia CC BY-SA 4.0. El gráfico del hombre corriendo está extraído de 1001freedownloads.com y es de libre distribución.

Aquí se ve con claridad lo que quiero decir: el ángulo que recoge “bien” el color es de “solo” entre 30º y 60º, mientras que para las formas definidas (enfocadas) es aún menor: entre 5º y 30º. Más allá de esos márgenes nuestros ojos solo son capaces de captar formas vagas, borrosas y desvaídas; pero nuestro cerebro se encarga de mejorar esta información de entrada y devolver una imagen rica en información, adecuada para el propósito esencial de la capacidad visual del ser humano: conseguir alimento y no convertirse en el desayuno de alguna fiera. He aquí que nuestro cerebro dispone de unos algoritmos de interpolación que para sí los quisieran Nikon o Canon… Dependiendo de la situación, nuestro cerebro interpretará el “input” de nuestros ojos de formas diferentes: no es lo mismo contemplar un paisaje que observar un detalle cercano, por ejemplo. En todo momento nuestra masa gris está haciendo los ajustes necesarios para que la visualización sea óptima, “engañando” al usuario.

Explicado esto, creo que se hace más claro porqué el objetivo de 50mm se considera el más similar a la mirada humana: Como hemos visto, nuestros ojos son y no son “una focal fija”. Ven de formas diferentes a diferentes ángulos, aunque nuestro cerebro devuelva información visual correcta en todos los casos. Depende de cada circunstancia, de cada momento perceptivo, esta capacidad de “interpolación natural” de nuestro cerebro se hace más o menos necesaria. En este sentido, el cristal de 50mm es el que nos brinda un espacio de mundo semejante al que nosotros estamos realmente “viendo” a través de nuestros ojos, cuando nos estamos fijando en algo que llame nuestra atención: del mismo modo, cuando observamos un paisaje estamos “en modo gran angular” (y el cerebro se encarga de poner color, enfocar, enderezar líneas y de todo cuanto nuestros ojos no pueden hacer por sí solos), y cuando vemos algo “por el rabillo del ojo”, lo que ocurre es que también podemos “ver” como si tuviéramos incorporado un ojo de pez. Sin embargo, un objetivo ojo de pez nos devuelve una imagen distorsionada porque no tiene la capacidad del tándem ojo-cerebro para darle a las cosa la forma “que deberían tener”. El 50mm, por lo tanto, es el ángulo de “mira qué bonito es esto que tengo enfrente”, por decirlo de alguna manera, y el objetivo que puede conseguir una imagen más similar a la que realmente nosotros tenemos del mundo que nos rodea. Y para rematar la metáfora, aquí os dejo un paralelismo, para que le deis vueltas: el angular “contempla”, el teleobjetivo “observa”, pero el único que “mira”, en el sentido más exacto del término, es el 50mm. Y nuestros ojos están esencialmente diseñados para mirar.

Otras clasificaciones

La longitud focal no es el único criterio que nos permite agrupar objetivos, aunque quizá sea el más relevante. No obstante, os voy a ofrecer algunas clasificaciones complementarias para terminar de cerrar este asunto, de manera que, una vez leído el artículo, estéis preparados para identificar un objetivo, sus propiedades y sus características de un solo vistazo. Debo remarcar lo de “complementarias”, porque de hecho estas clasificaciones alternativas sirven como complemento a la anterior, y viceversa.

Objetivos por tipo de construcción

Dentro de este apartado organizamos las lentes en función de características mecánicas, electrónicas o de diseño. No es un asunto baladí, pues estas cuestiones afectan tanto a la calidad de la imagen como al precio de nuestros queridos cristales.

Focales fijas o variables

Hasta ahora hemos venido hablando de la longitud focal como un factor fijo para cada objetivo. Sin embargo, es conveniente recordar que determinados objetivos pueden contar con longitudes focales variables. De hecho, esta clasificación entre focales fijas y variables tiene más importancia de lo que parece, pues en muchas ocasiones determinan los conocidos factores de calidad y uso que hemos ido mencionando hasta ahora.

Por su parte, las focales fijas, como su nombre indica, solo tienen una longitud focal, que no puede cambiar. Estos objetivos tienen una desventaja obvia y muchas ventajas no tan evidentes.

En la imagen, mi queridísimo 35mm (os recuerdo que con mi factor de multiplicación este se convierte en el objetivo “normal” de mi modelo de cámara). Calidad de imagen fantástica, y luminosidad de f/1.8 a un precio asequible.

En el otro lado de la balanza están las focales variables, que son objetivos que cuentan con un sistema mecánico de extensión-cotracción y un juego de lentes interno que permite alargar o encoger la longitud focal a voluntad. Son los denominados objetivos “zoom” y, en general, se han vuelto los más comunes en fotografía amateur y determinados tipos de aplicaciones profesionales. Al igual que los objetivos fijos, este tipo de cristales tienen puntos fuertes y débiles, que resumo a continuación:

  • El Precio. Las lentes fijas son mucho más baratas que las variables: Aunque más que del precio en medidas absolutas debería hablar de la relación “calidad-precio”, pues podemos encontrarnos lentes fijas muy caras que, eso sí, siempre o casi siempre van a darnos una calidad mayor a mismo precio que en el caso de sus correlatos de focal variable.
  • La calidad. Relacionado con el punto anterior, la calidad es otro factor determinante. En general, las lentes fijas, que cuentan con menos piezas en su construcción, tienden a ofrecer mejores resultados y menos aberraciones en la imagen. De nuevo, esto no quiere decir que las lentes fijas sean peores, o que no haya lentes variables con calidades extraordinarias. De nuevo, el factor precio interviene para relacionarse con el de la calidad: si estamos dispuestos a gastarnos el dinero, se pueden encontrar lentes “zoom” de excelente calidad. Eso sí, no son baratas.
  • La luminosidad: Otro factor importante que cae a favor de las lentes fijas. De nuevo la construcción tiene que ver con ello; las lentes fijas, que contienen menos elementos en su interior, dejan pasar más luz que sus primas variables. Esto significa que podremos tomar imágenes en circunstancias más complicadas, o con velocidades mayores, u obteniendo menos profundidad de campo y, por lo tanto, desenfoques más intensos. No son pocas razones para decantarse por una focal fija…
  • Practicidad: Pero no todo son ventajas para las focales fijas. Las lentes tipo “zoom” son mucho más flexibles y permiten al usuario ajustar las proporciones de la toma de una forma rápida y, sobre todo, sin moverse del sitio, lo cual puede ser crítico en determinadas circunstancias. Un viejo chiste de fotógrafos es que con las focales fijas “el zoom está en los pies”, y es que este tipo de lentes requieren del movimiento del fotógrafo para encontrar el ángulo y encuadre adecuado. En este sentido, las focales variables pueden ser nuestras mejores compañeras cuando las circunstancias de la toma sea impredecibles o cuando sabemos de antemano que necesitaremos de múltiples focales y no podamos (o no queramos) cargar con una colección de cristales encima.

Como veis, en términos generales las lentes fijas suelen ser una recomendación básica para todo fotógrafo que quiera dar un salto de calidad en sus tomas, pero para ser honestos, no puedo dejar de concederle a las focales variables el hecho de que su flexibilidad las puede hacer imprescindibles en muchos casos.

En relación a las lentes variables, además, podemos hacer una subdivisión en función de qué rango de longitudes focales nos brindan:

  • Longitudes recortadas por tramos: Se trata de lentes que nos ofrecen un rango de focales dentro de una tipología concreta. Por ejemplo, una lente de tipo 70mm-200mm sería un buen ejemplo de este tipo: su rango de longitudes entra dentro del rango de teleobjetivos, sin invadir el tipo “normal”. Por su parte, una lente de, digamos 18mm-35mm sería el ejemplo clásico de una lente angular variable. Este tipo de objetivos puede ser un compromiso interesante entre calidad de imagen y flexibilidad, aunque al mismo tiempo sus propias características les limitan en ambos sentidos.
  • Objetivos “todoterreno”: así se denominan a los objetivos que, al contrario que los anteriores, buscan sobre todo la flexibilidad. En este grupo nos encontramos lentes que gozan de longitudes focales con una enorme extensión: 18mm-200mm suele ser un caso paradigmático de este tipo de lentes. De nuevo, en el lado negativo nos toparemos con una calidad de imagen inferior en muchas ocasiones a las que nos ofrecerían focales fijas o incluso algunas variables “por tramos” en su mismo rango. No obstante, este tipo de objetivos es el que tendemos a “llevar puesto” en sesiones muy poco planificadas, gracias a sus muchas posibilidades.
Mi “algo menos querido” objetivo todoterreno: Focal variable 18mm-200mm estabilizado de la marca Sigma. La calidad de imagen es inferior, el objetivo es mucho más oscuro… pero te saca de un apuro si hay mucha luz.

Objetivos según sus automatismos

Esta es una clasificación un tanto peculiar, que no suele aparecer en los manuales al uso, pero que me parece interesante incluir en mi lista. Los objetivos son instrumentos que tienen más de un siglo de antigüedad, y cuya tecnología óptica se ha ido manteniendo más o menos estable desde hace décadas. De hecho, en muchos sentidos se puede afirmar que las técnicas de elaboración, corte y pulido de lentes han llegado a un punto de refinamiento y perfección casi inmejorable. De todas formas, cada cierto tiempo se añade algún elemento nuevo al mecanismo, complementando y mejorando el funcionamiento de nuestros cristales.

Motores de enfoque

En este apartado quiero mencionar a los objetivos que dispongan o no de algún dispositivo que ayude a enfocar, y la forma que tiene de hacerlo. El resultado son tres grupos:

  • Objetivos con enfoque puramente manual: Son objetivos que sólo disponen de un anillo de enfoque que debe ser accionado por el fotógrafo, sin contar con ninguna ayuda mecánica adicional. Suelen encontrarse en objetivos antiguos, que afortunadamente suelen contar con monturas compatibles con los cuerpos actuales de las marcas tradicionales. Requieren de cierta pericia por parte del usuario, que debe confiar en su habilidad para enfocar adecuadamente, aunque a veces las cámaras cuentan con dispositivos que nos ayudan a verificar que el enfoque es correcto aunque se haga manualmente. Al encontrarse generalmente en modelos antiguos, cuentan con la ventaja de su menor precio. Son muy recomendables para fotógrafos que deseen tener control total sobre todos los parámetros de la toma, o en sesiones de estudio donde el foco sea estable e inmóvil. También pueden ser adecuadas para grabación de vídeo, algo muy de moda últimamente.
  • Objetivos con mecanismo de enfoque asistido: Son objetivos que cuentan en su construcción con un sistema que permite que el cuerpo de la cámara controle el enfoque. Las cámaras de segmentos más caros cuentan con motores que permiten el accionamiento del sistema de lentes encargadas del enfoque en el objetivo. Este tipo de objetivos permiten un enfoque más rápido y sin tanta supervisión por parte del usuario, que puede simplemente “apuntar, enfocar y disparar” accionando un botón.
  • Objetivos con motor de enfoque autónomo: Son objetivos que cuentan con su propio motor de enfoque; a diferencia de los anteriores, que dependen del motor del cuerpo de la cámara, estos cristales cuentan con el suyo propio. La desventaja principal de estos objetivos es su precio, aunque suelen ser la única opción razonable cuando nuestras cámaras no disponen de motores de enfoque propios.

Objetivos estabilizados

Aunque ya hablé de ello en el capítulo anterior, conviene recordar que algunos objetivos disponen de este tipo de dispositivos que dotan de más estabilidad a la imagen. El precio de estos objetivos es mayor, y  conviene verificar que la estabilización que proporcionan realmente supone una ventaja efectiva, pues no todos los estabilizadores tienen la misma calidad.

Objetivos según su uso

El último apartado no deja de ser un cajón de sastre donde podremos encontrarnos todo tipo de engendros. Las infinitas variedades de situaciones y contextos donde se puede ejercer el arte de la fotografía ha impulsado a los fabricantes a ofrecernos productos de todo tipo, algunos de ellos tan específicos que resultarían inútiles en otras situaciones. No pretendo hacer una descripción completa de todos ellos, así que me quedaré con los que considero más significativos.

Objetivos macro

La macrofotografía es una disciplina en sí misma dentro de nuestra afición; consiste básicamente en la capacidad de algunos objetivos de capturar objetos que se representan con el mismo tamaño (o mayor) en el sensor del que tienen en el mundo real. Si, por ejemplo, hacemos una foto de un insecto de medio centímetro de longitud, el tamaño de dicho insecto deberá tener la misma longitud en el sensor, de forma que al obtener el archivo de imagen resultante el tamaño del bichejo puede llegar a ser monstruoso. La capacidad de obtención de fotografías macro no viene determinada por ningún mecanismo en particular (como sí ocurre con la estabilización, por ejemplo), sino por la calidad de construcción del objetivo y la longitud mínima de enfoque. Cuanto más cerca se pueda enfocar con nitidez, más facilidad para conseguir macrofotografías.

La fotografía macro nos ofrece un mundo por descubrir… que a veces no deberíamos descubrir… qué asquete. Autor: Fotoworkshop4you – Fuente: Pixabay – Dominio Público

No todos los objetivos disponen de esta posibilidad, de forma que para determinados fotógrafos la característica de tener o no la función “macro” es determinante a la hora de adquirir una lente concreta.

Los objetivos macro pueden subdividirse en grupos según su longitud focal, encontrándonos con los siguientes subgrupos:

  • Macros cortos: objetivos con longitudes de tipo angular o normal, generalmente entre 30mm y 50mm.
  • Macros largos o telemacros: objetivos de tipo “tele”, a partir de los 60mm en adelante.

En general, para la mayoría de los usos el segundo grupo es el más recomendable, pues permite obtener imágenes de tipo macro a una distancia mayor. El primer grupo, por su parte, requiere de distancias de enfoque muy cortas (algo negativo, sobre todo si queremos capturar animalejos diminutos), aunque su precio es considerablemente menor.

Objetivos descentrables

Este es uno de los “raros”; se trata de objetivos que cuentan con la peculiaridad de tener ejes verticales y horizontales móviles, que no están en el mismo eje que el sensor (como ocurre con los objetivos normales), de forma que el usuario puede controlar a voluntad tanto el ángulo de incidencia de la luz sobre el sensor como la zona de profundidad de campo que estará en foco en la imagen.

Una pequeña maravilla: Objetivo descentrable Canon TS-E 17mm f/4.0. Autor: EdouardHue – Fuente Wikipedia – CC-BY-SA 3.0

Sé que esta descripción no es muy clara. Resumiendo mucho, los objetivos descentrables (también conocidos como Tilt-Shift) son especialmente útiles, por ejemplo, para las tomas panorámicas, donde una secuencia de imágenes se fusiona para dar lugar a una imagen definitiva de gran formato. La peculiaridad de movimientos libres de estos objetivos permite que el usuario controle el ángulo de la lente en cada toma sucesiva, sin necesidad de cambiar la posición del cuerpo, por lo que la panorámica resultante es más fácil de fusionar mediante software sin errores ni descuadres. Por esta razón los objetivos descentrables son especialmente valiosos para la fotografía de arquitectura, donde se pueden componer panorámicas de edificios en tomas de corta distancia, donde de otra manera sería necesario un gran angular que combaría las líneas rectas.

El otro uso de estos objetivos, gracias a su capacidad de alterar el foco de la imagen, es el del conocido como “efecto maqueta” o directamente efecto “tilt-Shift”, en el que el extraño ángulo de foco, descentrado con respecto al eje de la imagen, crea la ilusión de estar observando una representación “miniaturizada” de la realidad.

No, no es una maqueta… es real. Autor: Paul Goyette – fuente: Wikipedia – CC-BY-SA 2.0

La lista de objetivos con otras peculiaridades podría ser larga, pero me temo que poco útil para los objetivos de esta serie. En cualquier caso, en el mercado podremos encontrarnos otras rarezas: objetivos sumergibles, dotados de camuflaje para fotografía en naturaleza, súper luminosos (menos de f/1.0), ojos de pez de casi 360º… si disponéis del dinero, podéis tener una colección realmente interesante; para ir escribiendo la carta a los reyes os dejo un catálogo interesante en este enlace.

Conclusiones

El capítulo dedicado a los objetivos concluye aquí. En cualquier caso, no me gustaría terminar sin hacer una pequeña reflexión en torno al arsenal de cristales con los que deberíais contar si queréis iniciaros en esto de la fotografía. No soy profesional, ni siquiera me considero un amateur avanzado; pero algo he ido aprendiendo con los años. En estos momentos, mi colección de objetivos en uso se limita a tres: el 18mm-200mm, el 18mm-55mm que venía con la cámara y el 35mm. Con esos tres tengo más que de sobra porque… en realidad el que se lleva el 90% del trabajo es el último. Al final lo que me interesa es la calidad, al margen de conseguir tal o cual efecto. Si quiero ampliar el ángulo, me voy más lejos o tomo dos o tres imágenes, que fusionaré más adelante por software. Si quiero un primer plano, me acerco.

No me malinterpretéis: contar con un objetivo todoterreno siempre será una buena idea. Pero si confiáis en mis consejos, seguid este: antes que invertir en un objetivo de focal variable mediocre, compraros un objetivo normal fijo lo más luminoso posible. Me lo agradeceréis.

Otra cosita importante a tener en cuenta: Si estáis pensando en empezar con esto de la fotografía y tenéis que decidir cómo invertir vuestro dinero (cuánto pongo para el cuerpo, cuánto para los objetivos) no lo dudéis: el cristal es el que os va a hacer la foto. Un cuerpo de 3000€ con una lente de kit (las lentes baratas que se incluyen al comprar la cámara, también conocidas como “pisapapeles”) no va a conseguir mejores fotos que un cuerpo más barato pero con un objetivo de calidad. Además, debemos tener en cuenta que la relación objetivo-cuerpo puede ser complicada e impredecible: sin ir más lejos, recientemente he adquirido un cuerpo nuevo que me ha permitido darle una segunda oportunidad a mi objetivo todoterreno; las fotos con la nueva combinación cuerpo-lente resultan mejores, sobre todo en la representación del color. Pero esto no sucede con mi objetivo de 35mm, en el que incluso noto cierta tendencia a generar aberraciones cromáticas que no padecía con el cuerpo anterior. Estas cosas suelen ocurrir, por lo que os recomiendo un periodo de investigación previa antes de adquirir vuestros cristales. Un buen sitio donde empezar es el clásico dxomark,  donde suelen ofrecer análisis profundos del comportamiento de los objetivos con muy diversos cuerpos.

Ahora sí, el capítulo termina. En el siguiente le daremos un tiento a los cuerpos de nuestras cámaras. Sé que hay cuerpos más apetitosos, pero…

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Lúciu R.F.

Olá jen0f0nte, parabéns pelo texto e por todos aqueles postados anteriormente, a linguagem é simples e fácil compreensão e com uma ótima escrita. Fico na expectativa a cada nova publicação. Esse é um assunto que muito me interessa e você está fazendo de forma magnifica. Mas umas vez, parabéns, estou muito empolgado com a continuação da FLAC.

Sara
Lector

Como muy fan de la fotografía “realista”, me ha encantado la reflexión referente a las similitudes con la visión humana.
Desde mi ignorancia considero que está todo muy bien explicado. Cuando llevemos algo más de contenido lo releeré todo de nuevo por si puedo darte alguna recomendación al respecto del orden o extensión de los conceptos.
Me imagino lo ardua que debe ser la tarea de escribir toda esta teoría… ¡Adelante y ánimo!

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[…] El lunes, Jen0f0nte nos trae la segunda parte del artículo sobre objetivos de cámaras fotográficas : FLAC: Los objetivos (II). […]